Der junge Wörter

Escritos de toda laya

Gastón descubre al elefante Noviembre 8, 2009

Archivado en: Del editor — derjungewoerter @ 10:18 pm

Apenas si tengo unos minutos antes de que despierte nuevamente. Casi no recuerdo cómo era esto de escribir. Sin embargo, mientras sus padres progresivamente van olvidando todo aquello que sabían hacer, Gastón aprende cosas más o menos permanentemente. Registré algunos segundos de su tierna (dentro de lo que la ausencia de motricidad fina le permite) relación con su juguete favorito. De golpe, lo vio.

Y ahí anda, perpetrando descubrimientos.

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La segunda Octubre 16, 2009

Archivado en: Del editor — derjungewoerter @ 11:38 am

Siwa 2 es un hecho. En verdad, salió hace un par de meses o poco más, pero vamos observando los efectos colaterales. Algunos sujetos matan las horas leyéndola, y luego la reseñan.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-3571-2009-10-11.html

Uno de estos días, se presenta ante multitudes. Aguanten.

 

Die Vergangenheit Octubre 8, 2009

Archivado en: Ideas — derjungewoerter @ 1:59 pm

El ocio despierta apetitos más o menos peligrosos. Uno de ellos es el saber acerca de.

Hay algo malsano aunque ineludible en rastrear el presente de quienes fueron nuestro pasado. Googlear nombres. Chequear resultados. Y comparar. ¿Cómo les fue en la vida desde que dejamos de vernos?

A cierta edad, uno necesita que a esos otros les haya ido más o menos como a uno. No siempre pasa. Y ahí hay que manotear los antidepresivos.

Por ejemplo: un tipo que uno conoció cursando en la FADU aparece ahora como un exitoso empresario, sus trabajos de motion graphics se ven en VH1 y MTV, ostenta algunos premios internacionales, y recluta gente para su oficina de Buenos Aires (parece que la de Miami ya está completa). Vaya.

Casos de ésos, el aciago día en que decidí consagrarme a esta exploración, encontré varios. Por supuesto, esto conduce a innumerables reflexiones en torno de la tonicidad de las propias piernas para trepar los peldaños de la empinada escalera social.

Vero dice que uno tiene que hacerse cargo de las propias elecciones, y de los precios que uno está o no está dispuesto a pagar. Me pregunto, entonces, si me bancaría volver a trabajar en una agencia sólo porque ahí se mueve casi tanta guita como en el narcotráfico. Se labura sin horario. Hay mucho cliché (bueno, la clase de cliché que a uno no le genera ni siquiera ternura), como el del creativo corporate (ropa deportiva de los concept stores de Nike, &cetera) y el ejecutivo de cuentas loosen (traje filoarmani). Hay mucha reflexión, también, acerca de la polisemia de un comercial de salchichas, acaso porque ahí se demuestra que se oteó la economía del signo de Baudrillard en la facu.

No, no me lo bancaría.

Entre mis colegas hay mucho émigré, presencial y remoto. Barcelona, Madrid, Roma, Berlín, Londres, rankean bien entre los primeros. Santiago, México DF y Miami (la favorita), entre los segundos. La partida o el roce internacional (Europa y Estados Unidos) son casi imprescindibles para el éxito. Casi nunca es al revés. No conozco muchos europeos o norteamericanos que consideren un avance profesional mudarse a Buenos Aires. La relación debe ser asimétrica. Realismo periférico, que le dicen.

Yo tampoco soy el tipo que era. No me veía trabajando de esto (la vaguedad obedece a la imposibilidad de una denotación satisfactoria). No me imaginaba con Vero, con Gastón. No me suponía estudiando batería, aunque más no fuera como medida terapéutica, sin visos utilitarios y de proyección internacional. No creía que me autopublicaría en este espacio, cuando menos más visible que mis viejos cuadernos grunge. Y de a ratos se me ocurre pensar, siquiera como precario consuelo, que quizás haya ahí fuera algunas personas tratando de saber qué fue de mí desde que dejamos de vernos.

Por ahí se sorprenden.

 

Und endlich kam das Kind Agosto 20, 2009

Archivado en: Narraciones — derjungewoerter @ 1:09 am

P8170032

Se precipitó.

Digo: él (Gastón) se/nos precipitó, gambeteando pronósticos.

Acaso guiado por su pequeña gran voluntad, eligió el día que parecía menos oportuno: la obstetra de Vero había viajado a Roma, y no volvería hasta septiembre; la partera oficial se iba a ausentar de la ciudad sólo ese día en el mes; apenas si habíamos tenido una consulta con la nueva obstetra; era el cumpleaños de su abuela paterna; sería el cumpleaños de su abuelo materno; Vero no había tenido una sola contracción; era un día de invierno con treinta grados de temperatura.

Quiso ser de Leo, pensamos. Quiso tener la nariz y la boca de su madre, y los cachetes y la pera de su padre. Quiso medir cuarenta y siete centímetros, sostener aceptablemente la cabeza a los dos días de vida, y mirar todo con unos grandes ojos que por ahora parecen grises.

Qué pendejo bravo.

PD 1: ah, la sinopsis del sábado quince. Vero comenzó con pérdidas, nos levantamos temprano, aguardamos un tiempo prudencial, llamó a la partera, aguardamos otro tiempo prudencial, las pérdidas aumentaron, llamó a la partera, nos enviaron a la guardia de la Trinidad (hay gente que quiere accidentarse sólo para pasar un rato ahí; yo no los entiendo, aunque el lugar es bonito), nos atendió una burócrata, nos hizo esperar, Vero dejaba un rastro de líquido amniótico a su paso, nos llamaron a consultorio, nos atendió el doctor Najún (que se parecía a Berti Damonte), revisó a Vero y resolvió con amable sequedad que nos quedábamos, nos mandaron a un box de la guardia, a Vero le dieron una bata, le hicieron un monitoreo, Gastón latía como un condenado, nos tranquilizamos, (des)esperamos por la partera, vinieron mis viejos, llamó Romina, yo caminé cinco kilómetros en un cuarto de dos por dos, llegó la partera, tramitó la habitación de preparto, llegó la silla de ruedas para Vero (parecía Stephen Hawking), se la llevaron, la seguí a Preparto, la partera la revisó, Gastón estaba a la altura del esternón, Vero desconocía lo que era tener una contracción, vino Belén (la nueva obstetra), cerré los ojos para pestañear y cuando los abrí se estaba llevando a Vero al quirófano, era cesárea sin inducción, corrí al vestuario, me vestí de helado de sambayón con pies de pistaccio, aguardé en un cubículo de uno por uno, me vinieron a buscar, me lavé las manos, me puse el barbijo, me llevaron al quirófano, Vero estaba en la mesa de operaciones, por el costadito-pegado a la pared-hasta el fondo, me senté detrás de Vero para ver el teatro de títeres de los cirujanos, Belén me dijo que ya casi estaba, el anestesista apretó el abdomen de Vero como si fuera un enorme grano, se bajó el telón azul, magia, los profesionales de la salud extrajeron a Gastón del interior de su madre (el anestesista dijo que tiene unas grandes bolas), le cortaron el cordón y lo pusieron encima de Vero, nos emocionamos, el neonatólogo capturó a Gastón y me invitó a seguirlo, me llevaron al laboratorio de Viktor Frankenstein, pusieron a Gastón en una ensaladera, le efectuaron la clase de pruebas que los extraterrestres infligen a los abducidos, lo bañaron, lo envolvieron cual canelón y me lo entregaron, me hicieron firmar papeles importantes, le hicieron imprimir sus piecitos en unos papeles, me invitaron a volver al quirófano con Gastón en brazos, por el costadito-pegado a la pared-hasta el fondo, me senté detrás de Vero, le pusieron a Gastón en el pecho mientras le pasaban una Ultracomb pot el abdomen, nos emocionamos, me invitaron a retirarme, volví al vestuario, recuperé mi ropa y los tres bolsos que llevaba encima, salí y me encontré con mis viejos y con Romi, les conté todo esto, corrí al ascensor, tercer piso, habitación 374, uy tenía que esperarla a Vero en la puerta de Preparto, bajé corriendo, esperé, la trajeron en la camilla con Gastón adherido cual sanguijuela, subimos a la habitación y nos preparamos psicológicamente para recibir innumerables visitas y para comenzar nuestra nueva vida.

PD2: el link para ver algunas fotos más. http://picasaweb.google.com/LucasFronteraSchaellibaum/LlegaGaston?feat=directlink

 

Obsesiones Agosto 4, 2009

Archivado en: Patafísica — derjungewoerter @ 11:08 pm

Alguna vez incurrí en una agencia de publicidad. Un ejecutivo de cuentas, disparado por una charla acerca de las manías, me confesó su irrebatible sensación de que caminaba en falsa escuadra. El inequitativo desgaste que adivinaba en las suelas de sus zapatos lo perseguía como el latido de “El corazón delator”.

Recordé aquella historia hace poco, durante una improvisada tertulia entre diseñadores acerca de las obsesiones aunque, en este caso, el sesgo común era el origen profesional de las compulsiones expuestas.

E., por caso, siente la irrefrenable necesidad de corregir las publicidades de vía pública, tentación a la que imaginariamente cede casi todo el tiempo. El nivel de detalle de la alucinación resulta tan minucioso, que puede visualizarse a sí misma realizando las operaciones que, Mac mediante, corregirían el desorden verificado. Menú>Object>Align. Click.

M. se descubrió sancionado por una mirada ajena cuando, al poner los productos de su compra en la cinta de la caja, se tomaba el tiempo de combinar los colores y las formas en un Tetris supermercadista, inadmisible para alguien que no hubiese sufrido los rigores de la formación en diseño.

De todos modos, los vicios profesionales sólo pueden explicar algunas de estas anomalías del comportamiento. Muchas otras, la mayoría, no pueden ampararse bajo la rigidez de alguna instrucción técnica, terciaria o universitaria, y terminan cayendo en las desoladas tierras de la psicopatología.

Ninguna lectura de Barthes explica que una doctora en Letras se aplique rigurosamente a masticar los alimentos en la misma proporción del lado izquierdo y del lado derecho de la boca. Fuera de la medicina, no hay mucho rigor profesional en el amasado parejo y la salivación generosa del bolo alimenticio.

Parece haber algo tranversal en las obsesiones. Hay una necesidad de organizar el propio mundo que se aplica a las tareas menos significativas con una determinación inexorable, más propia de lo biológico que de lo psicológico, e implica cierta sobreestimación del sujeto actuante, en tanto se pretende como una especie de agente represivo del caos que parece coordinar las relaciones en el universo.

Hace poco soñé con Gastón, mi hijo-aún-inquilino-de-su-madre. Soñé que estaba desnudo, panza arriba, jugando, y que se cagaba. Vero le contó mi sueño a su terapeuta (un saludo desde estas páginas), quien le manifestó, abatido por la risa, que se trataba de un sueño de manual, localizable bajo la letra O, de Obsesivo. El control de esfínteres se asocia con las personalidades que necesitan tener todo bajo el imperio de sus designios, de sus obsesiones.

Así que conoce una de mis cualidades más representativas.

Y eso que no vio mi biblioteca.

 

Politik Junio 28, 2009

Archivado en: Ideas — derjungewoerter @ 12:01 pm

Hoy se vota.

Desde las carteleras públicas (el único medio que, en la veda, no logra impedir el proselitismo), los más diversos candidatos nos tientan con retóricas de cambio, mágico concepto capaz resumir en sí todo lo bueno que la humanidad podría hacer si los votara.

Incluso quienes están de turno en el poder (nacional, provincial, municipal) recurren a la idea del cambio, en todo caso para cimentar su propia permanencia al adosarle la noción de profundización. Y así desembocamos en una paradoja inversa a la de Il Gattopardo, la paradoja de todo oficialismo: que nada cambie para que todo siga cambiando.

Quienes no están en el poder, también nos invitan al cambio. Debemos cambiar a los otros (los que ya están) por ellos, por lo nuevo. De nuevo hay poco, quizás porque la ósmosis interpartidaria ha esparcido las mismas mecánicas esclerotizantes en todas o casi todas las fuerzas. El Museo de Grandes Novedades del que hablaba Cazuza en O Tempo Não Pára.

Un clásico desde hace unos quince a veinte años es la afirmación de que hay desinterés por la política. Dependiendo de quién sea el emisor, la sentencia adquiere un matiz condenartorio o indulgente.

Las personalidades de la cultura (categoría polimorfa que agrupa filósofos, productores televisivos, actores, relatores de fútbol, directores de bibliotecas, periodistas, académicos de Puán y de Marcelo T., y cómicos de Tinelli, entre otras cosas) suelen condenar la falta de militancia, el no ponerle el cuerpo a la cosa política. De la observación de sus conductas parece surgir que para ponerle el cuerpo a la cosa política alcanza con hacer declaraciones heroicas a favor del Bien y en contra del Mal (cámbiese la polaridad por el caso particular que corresponda: Oligarquía-Pueblo, Socialismo-Capitalismo, Nacionalismo Popular-Cipayismo Vendepatria, etcétera).

Del lado indulgente, los periodistas fundamentan su lugar de justicieros de oficio resaltando las miserias de la clase política que explican el desencanto popular. Sus propias miserias, como corresponde, quedan bien tapadas bajo las alfombras de las redacciones y las oficinas de producción.

Y las oposiciones se apoyan en ese desencanto para proponerse como alternativa, cosa difícil si consideramos que, en términos generales, casi todos tienen alguna filiación vergonzante que ocultar. Un árbol genealógico escrupuloso seguramente los situaría en alguna rama compartida con los mismos sujetos a los que sindican como responsables de la pérdida de interés del pueblo por la res publica.

No parece haber mucho margen para el optimismo. Hasta tal punto casi todo parece infectado que hay que ir con barbijo y guantes de látex a votar, y ya no se sabe si tiene que ver con la influenza porcina o con el estado de putrefacción del sistema partidario argentino.

De todos modos, como siempre, prefiero que nos sigan preguntando a quiénes queremos que nos representen. Así, por lo menos, nos veremos obligados a hacernos cargo de nuestras elecciones.

PD: a propósito de políticas, votos e ideas, van abajo unos muy interesantes links de Los Trabajos Prácticos que merecen ser leídos.

http://www.bonk.com.ar/tp/daily/1406/almabellismo

http://www.bonk.com.ar/tp/daily/1407/gano-kirchner

http://www.bonk.com.ar/tp/daily/1408/el-voto-de-izquierda-explicado-a-los-ninos

Y el gran experimento LTP, la invención de un polemista. Aquí debajo va el proceso completo. Lean y disfruten.

http://www.bonk.com.ar/tp/daily/1338/marcelo-fishbein-abran-las-carceles

http://www.bonk.com.ar/tp/daily/1349/fishbein-resentido

http://www.bonk.com.ar/tp/daily/1386/fishbein-vs-el-golem

http://www.bonk.com.ar/tp/daily/1409/fishbein-cest-moi

Ah, y unas reflexiones de Tomás Abraham, bastante sabrosas.

http://tomabra.wordpress.com/2009/06/27/reflexiones-sobre-las-elecciones-de-manana-perfil-276/

 

Del delicioso sabor de lo diminuto Junio 23, 2009

Archivado en: Del editor — derjungewoerter @ 11:10 pm

Espiritu pequeno

Hay familiaridades encantadoras. Y familias terribles.

Entre las primeras se cuenta la circunstancia de encontrarse con amigos en una situación  asimétrica. Es decir, distinta de lo cotidiano, de lo que suele sustentar la amistad en términos generales. Ser público en espectáculos de amigos siempre genera algún extrañamiento. El escenario muestra una faceta de los amigos que se sustenta en la distancia entre espectador y protagonista. ¿Era Brecht el que hablaba de distancias?

Entre las segundas, se cuenta la levemente monstruosa famlia que protagoniza “Espíritu pequeño”, incluidos sus satélites (una fiel servidumbre, heredera de las castas de mayordomos que desbordan la literatura inglesa del siglo XIX y parte del XX) y otros astros circundantes (uniformados, médiums, aprendices de Florence Nightingale).

Las dos tienen algo de fascinante, y cada tanto colisionan. Para más datos, los domingos a las 20, en El camarín de las musas. Sean bienvenidos.

http://espiritupequeno.blogspot.com/

 

Gastoncito’s back Junio 22, 2009

Archivado en: Del editor — derjungewoerter @ 10:14 pm

Bueno, lo vimos de nuevo.

Ya está más grande, y cedemos a la tentación de adivinar de quién hereda cada rasgo (nuestro nivel de neurosis es elevado, ¿verdad?). Faltan unos dos meses, y se hace eterno.

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Houdinis Mayo 17, 2009

Archivado en: Ideas — derjungewoerter @ 12:41 pm

Hubo Cassandras, pero nadie les creyó. Y entonces, en algún momento, ellos desaparecen.

Los pasillos se vacían. Las caras son cada vez más breves, la pregnancia facial se diluye, todos se vuelven intercambiables. Acaso sea eso lo deseable. Se apuesta a las largas filas de desesperados, la carne de ordalía. Ésos soportarían cualquier trato a cambio del privilegio de formar parte de la prestigiosa Organización.

Es una cuestión de gratitud. Los otros, los malagradecidos, los soberbios que creen que son algo per se, los que no entienden cuánto le deben a la Organización, más tarde o más temprano tendrán la opción de hierro. La conversión o el ostracismo. O quizás ya carecen de opción, acaso su destino ya esté sellado. La ingratitud se huele desde ciertos despachos.

Es una cuestión de lealtad. Los que creen que tienen derecho a debilitar la Organización con sus críticas, con sus quejas, no saben lo que es ser leal. Sí lo saben los que fueron bendecidos por la movilidad social sin la intervención de Marx. Lo saben los que pasaron de la cadetería a la gerencia, de la limpieza a la dirección. Lo saben quienes ocultan la certeza personal de que, sin el Deus ex machina de las altas esferas, en condiciones de laboratorio, jamás habrían escalado las colinas que ahora dominan. Y ésos son los legionarios más fieles, los más temibles, los más sanguinarios.

Y ahí van las huestes derrotadas, esfumándose en un parpadeo. Los escritorios vacíos se reproducen. ¿Será un privilegio ocupar uno aún? Quizás desorienta la gratuidad del asesino serial. No saber qué hay que hacer, qué hay que impostar para sobrevivir, si es que acaso eso es lo que se desea. En las prisiones se trata de no enfurecer a nadie, de pasar desapercibido. Que no te rompan el culo en las duchas, o que la raza de llaveros no te apalee. Pero la inquietud permanente de no saber de dónde puede venir el puntazo te mantiene en guardia. Trabajar, no se puede. La supervivencia te come mucha energía.

Acaso por rencor, uno quiere que los Houdinis hayan hecho su gran escape. Que no hayan muerto ahogados en el tanque de agua, con las cadenas aprisionando sus cuerpos.

Si eso fuera así, a nosotros nos quedaría alguna esperanza.

 

Gastoncito dice hola Abril 7, 2009

Archivado en: Del editor — derjungewoerter @ 9:02 pm

Ya no es el porotito de la primera ecografía. Ahora es una personita.

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Perú (II) Marzo 30, 2009

Archivado en: Narraciones — derjungewoerter @ 12:29 am

Leaving Lima (Intermezzo)

La ruta del minibus no replica la que había seguido, menos de veinticuatro horas antes, para conducirnos al San Agustín Colonial. Vamos en busca de otros pasajeros que también vuelan a Cusco. El hecho de que sea de madrugada me hace sentir que es más un viaje de vuelta que de ida.

Tania vive en Santos. Es brasileña, y rubia, y simpática en su portuñol obligado. Capto jirones del diálogo que mantiene con la mitad de nuestra pareja que habla portugués. El minibús sigue una ruta apta para desorientar al fantasma de Pizarro mientras vamos en busca de los últimos trippers.

Última parada: el Marriott. Resulta que había un mundo mejor, pagadero con salarios en dólares. De golpe percibo que en el reducido espacio del minibus se cristalizan las tres castas arquetípicas del turismo. Small, medium, large.

Eloy García y su mujer nos saludan en inglés, que es lo que ellos esperan que nosotros esperemos de ellos. La presunción de extranjería es un reflejo condicionado, en estas circunstancias. Eloy es corpulento, siendo benévolos. Alcanzó el grado de obesidad que es típico en los estadounidenses, tan notorio como despreocupado, y se viste de riguroso turista. Su mujer me recuerda a un personaje de Dallas, ataviada como para un almuerzo campestre en la finca de la familia Ewing. De su atuendo, que combina blusa con flores y pantalón blanco, lo que me inquieta un poco son los anteojos de sol y el sombrero, quizás porque son las tres y media de la madrugada.

Alguna palabra que, de modo inocente, intercambiamos Vero y yo desata un diálogo con los García, tan amable como asimétrico en su abrumador spanglish. Los García son de Texas. Tienen un rancho y algunas otras posesiones que ignoramos, pero que representan la clase de bienestar que casi todos querríamos tener a su edad. Sobre todo lo de los viajes. Tienen, también, gran cantidad de palabras para explicarnos su país, y nos las brindan generosamente mientras el chofer maniobra en la madrugada limeña y la trasladista chequea todos nuestros vouchers.

El aeropuerto luce levemente distinto a esa hora. Está casi tan poblado como cuando llegamos, pero pretende la intimidad que la noche suele conferir a casi cualquier cosa. La trasladista corre a jugar simultáneas con otros contingentes mientras hacemos el check-in. Pongo mi mejor cara de inocente cuando me preguntan si llevo algún líquido en el equipaje de mano. En verdad, llevo un frasquito de lágrimas en el bolsillo de las bermudas, que espero que nadie detecte; la gente de seguridad suele ser poco solidaria con los que usamos lentes de contacto. Despachado el equipaje, nos encaminamos al primer piso, y a la gate correcta. Vero cambia algo de dinero, no vaya a ser que lleguemos con pocos Soles a Cusco. El cambio aquí es mucho menos usurario que en Ezeiza.

La voz metálica de siempre, la misma de todos los aeropuertos del mundo, nos convoca a abordar el vuelo de TACA con destino a Cusco. Quizás nos volvamos a cruzar con Tania y con los García, a ver si podemos impulsar la gran unidad continental.

Atentos a la meteorología como sólo pueden estarlo los turistas, preguntamos por el tiempo. En Cusco, como era de esperar, llueve.

 

Perú (I) Marzo 16, 2009

Archivado en: Narraciones — derjungewoerter @ 10:13 am

No rain

En Lima no llueve. Es casi lo primero que nos dicen al llegar, tras el riguroso bienvenidos. No llueve, claro, como en Buenos Aires: tormentas histéricas, taimadas, ensayos de diluvio universal a escala argentina, menguadas aunque pretenciosas, y capaces de cagarte la vida en pocos minutos. Los milagros de la geografía determinan que en el Océano Pacífico, no demasiado lejos de las costas de la ciudad, la fría corriente de Humboldt impugne el clima tropical que le corresponde a Lima por latitud, y produzca un tenso fenómeno atmosférico: hay evaporación, pero la nubosidad que se produce no asciende lo suficiente como para condensar y precipitar en forma de lluvia. Lima queda cubierta casi todo el año por una neblina que esmerila a Inti y procura humedad a la vegetación urbana.

Salimos del aeropuerto de El Callao, y creo recordar algo de Historia Argentina. Algún fantasma sanmartiniano saliendo o llegando a El Callao. En barco, claro, en aquellos tiempos.

El minibus nos conduce al hotel. Me distraigo con los pintorescos colectivos limeños, que parecen tener un sentido del color mucho más vital y más práctico que los de Buenos Aires. No tomo fotos por cierto pudor de recién llegado, como si tuviera que cumplir con algún plazo de prueba. El Callao no es un distrito tan atractivo para el turista. La clase de viviendas y comercios que recuerdan vagamente al conurbano menos próspero del AMBA, aunque franqueados por el Pacífico a un lado, y por las montañas al otro. Siempre es un consuelo, ese paisaje.

El trasladista nos recita los básicos de Lima: clima, algo de historia, organización política. Lima es un festival de distritos, cada uno con su autoridad propia, y una sola autoridad metropolitana. Como en El Silmarillion, que voy leyendo. Un solo anillo para gobernarlos a todos. Así que cada vez que entramos en otro distrito (o barrio, para que yo lo entienda mejor) nos recibe un cartel de Bienvenidos a. El trasladista nos explica que nuestro hotel está en Miraflores, un barrio con fama de chic en el que viviera alguna vez Mario Vargas Llosa, antes de relocalizarse en Europa. Hoy en dia, las clases más acomodadas migran a otros distritos más lujosos y abandonan Miraflores a la implacabilidad de los turistas como nosotros.

Bienvenidos a Miraflores. La arquitectura me recuerda vagamente a la de Amsterdam. Los edificios no son muy altos, son más bien prismáticos, sin salientes ni balcones, con ventanas corredizas (grandes y muchas). Acaso sea, como en los nubosos países del norte de Europa, para aprovechar cada mínima partícula de luz diurna. La gran diferencia, el detalle que recorta este distrito de la memoria de las Europas, pasa por el uso del color, un ítem valioso para casi toda América Latina, salvo para Buenos Aires. Se me podrá enrostrar el color de Caminito, claro. No, amigos, lo de Lima no es el cocoliche visual. Hay ocres, y celestes, y verdes, pero armónicamente combinados. Lo más parecido que se me ocurre son las casa palermitanas en las que, como gambeteo al convencionalismo, sólo una pared del blanco interior se pinta de naranja. Pudor cromático, digamos, con afán de rebeldía. Pero en Lima, como en otras ciudades de América Latina, el color es parte del paisaje, es signo de lo vital. Acaso por eso no haya evidencia de impostura, como puede haberla en la Reina del Plata. Aquí, el color es genuino.

El trasladista nos traslada por la nueva costanera, mérito que se arroga el actual alcalde metroplitano, un paisaje aún en construcción pero promisorio. Se le roban unos metros de playa al mar, se parquiza, se ponen bancos y juegos, el Pacífico a un lado, los Andes al otro. Pienso en Buenos Aires y envidio a Lima.

El San Agustín Colonial queda en Comandante Espinar 310. Esto es Miraflores, una de las escalas urbanas más próximas a Barranco, la nueva zona de moda, de edificios lujosos a pasitos del océano Pacífico. Pisos de doscientos metros cuadrados a unos módicos cuatrocientos o quinientos mil dólares. Nuestra morada es algo más modesta, aunque pertenece a un distrito acomodado, pletórico de servicios para sus moradores, ya sean permanentes u ocasionales.

El cuarto que nos toca, el 211, está en el segundo piso que, en verdad, es el primero. En Perú, no se habla de planta baja, así que nos acostumbraremos a sumar una unidad a cualquier número de piso que pensemos con lógica argentina. La decoración hace honor al adjetivo que completa el nombre del hotel. En esos pasillos y lobbys tenemos nuestro primer contacto con el devastador efecto hispánico en las artes peruanas: las paredes abundan en desconocidos nobles y figuras religiosas made in la Madre Patria (o autóctonos, pero tamizados por criterios virreinales).

La habitación es pequeña y algo oscura. Da al contrafrente. A Vero no le gusta mucho que digamos, sensación que verbalizará con cierta frecuencia hasta que abandonamos el hotel para nuestra primera incursión en la ciudad. Solitos, como buenos aventureros.

Lo primero, en estos casos, es caminar hacia arriba y hacia abajo por la avenida del hotel, para reconocer el espacio. Casi de inmediato, descubrimos no menos de seis locales de comida, incluyendo al célebre (pero desconocido en Argentina) KFC, es decir, Kentucky Fried Chicken, cuyos manjares nunca nos atreveremos a probar durante nuestra estadía, no vaya a ser que se nos dispare el colesterol. La primera caminata revela algunos detalles interesantes. Uno: como nos habían anticipado, en Perú se come barato. Lo que en Buenos Aires puede costar treinta, en Lima puede costar doce. Dos: los kioskos de golosinas no son locales, sino pequeños puestos, como los de diarios. Tres: Lima, como tantas otras ciudades de América Latina, tiene bastantes bulevares.

Tras las llamadas familiares de rigor desde un amable locutorio, incursionamos en el supermarket (el vocablo inglés es el habitual para esos casos). Vivanda es grande y, quizás por hallarse en Miraflores, se parece a los fenecidos Norte, con un evidente afán por ofrecer al cliente un ambiente cordial, sofisticado y tentador. Además de algunos manjares peruanos (snacks de maíz salado, la popularísima Inca Kola) las góndolas revientan de delicatessen internacionales de todo orden. Así da gusto. Adquirimos un par de ítems baratos, hacemos nuestro segundo pago en Soles, y partimos a planear nuestra primera excursión, porque ninguno quiere volver al hotel ahora.

En Perú hay taxis, pero no taxímetros. El valor de la tarifa se negocia con el chofer antes de subir al auto, en general sobre una cierta base definida por el mercado. Vamos al museo arqueológico. Nos advirtieron en el hotel que el viaje a Pueblo Libre (el distrito en el que se encuentra el museo) nos debería salir unos doce Soles, y que tomemos taxis de color negro o amarillo. Transamos en catorce con el chofer de un auto negro, y partimos a la expedición arqueológica.

El conductor nos piensa franceses hasta que nos escucha hablar un español demasiado fluido aunque sin acentos. Ahí nos confesamos argentinos y de Buenos Aires, y el hombre se extraña de que no usemos tanto el che y, sobre todo, de que no hablemos a los gritos (Dios libre algún día al mundo de los turistas porteños que nos representan mayoritariamente en el exterior). El chofer responde nuestras preguntas acerca del estado presente del Perú con una amabilidad y una sensatez desconocida entre los taxistas porteños, afectos al linchamiento y los dogmas inapelables. Parece que la segunda oportunidad de Alan García viene mejor que la primera, y el país recupera empleo y producción, y repatria ciudadanos otrora emigrados a la caza de un sueño anglosajón.

Pueblo Libre resulta ser un distrito más colonial que Miraflores. Bajamos del taxi en la Plaza Bolívar y malinterpretamos la indicación que nos da el chofer, así que inicialmente pretendemos ingresar en una guarnición del Ejército. Amablemente, los uniformados de la guardia nos redireccionan.

El Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú es una gran casa colonial, y detrás de la aparente simpleza distributiva según la cual las salas se ordenan en torno de un impecable patio, los pasillos se irradian y se ramifican infinitamente hacia los fondos en más y más cámaras. Iniciamos el recorrido con la escrupulosidad de estudiantes, apegándonos al riguroso orden cronológico según el cual el recorrido fue diseñado. Una enorme cantidad de evidencias materiales (vasijas, herramientas, telas) junto con reproducciones, maquetas e infografías, da cuenta de una (pre)historia del Perú que data de los primeros años de la humanidad. Resulta que había habido algo antes de los módicos cien años reales del imperio Inca y las peinetas virreinales, pero nuestras clases de Historia escolar optaron por ahorrarnos la complejidad del tema.

Casi dos horas nos toma recorrer el museo, y estamos seguros de que aún hay salas que no vimos, pero los cuerpos se hallan devastados por el vuelo de madrugada y las tres horas que se agregan a nuestro día por la diferencia horaria con Perú. Compramos algún presente en la tienda del museo, repleta, como corresponde, de angloparlantes, y nos retiramos en busca de un lugar donde almorzar. El guardia del museo nos recomienda El Bolivariano, un restaurante con una buena fama, por lo que nos dicen, así que nos largamos por las callecitas angostas de Pueblo Libre mientras rumiamos la sensación que nos dejó el museo y ese primer contacto con lo que fuimos a buscar a Perú. Por lo pronto, nos queda claro que los peruanos (al menos en sentido institucional, para empezar) tienen una conciencia muy fuerte de su patrimonio cultural.

Rodeado de casitas coloridas y algunos bares centenarios, encontramos El Bolivariano. Anticucho (brochettes de corazón de res) con papas fritas. Pocas palabras, un estómago feliz y la energía suficiente para emprender la vuelta al hotel.

Antes del taxi, incursionamos en otro supermarket, menos glamoroso que Vivanda pero igualmente surtido. Nos falta un agua mineral para lavarnos los dientes (la miríada de advertencias acerca de los efectos devastadores del agua corriente peruana surtieron efecto) y un adaptador para todos nuestros cargadores. Resulta que en Perú, las patitas de los enchufes son dos y paralelas, y no oblicuas, como en Argentina. Toda la arquitectura inca se basa en una leve oblicuidad antisísmica de las paredes, pero los malditos enchufes tienen patas paralelas. Partimos con el agua y sin el adaptador, de vuelta al San Agustín Colonial, doce o trece Soles, gracias, que tenga buenas tardes.

Llegamos a las cinco, más o menos. Encendemos el televisor (gesto automático que todo turista efectúa ni bien entra en su habitación) y decidimos descansar un poco. Con intermitencias, dormimos hasta las dos de la mañana, hora en la que nos levantamos, casi carecientes de conciencia espaciotemporal, para tomar el café que el hotel nos ofrece, aunque nadie desayuna tan temprano. La trasladista pasará a buscarnos un rato después para conducirnos hacia el aeropuerto. Es que nos vamos para Cusco, y salir tan temprano nos permitirá aprovechar el día allá, siempre y cuando no llueva, porque en Cusco el clima no es tan predecible en cuanto a lluvias. Se sabe, en Lima no llueve. En el mejor de los casos, garúa.

 

Biotipos de trabajo Enero 4, 2009

Archivado en: Patafísica — derjungewoerter @ 9:51 pm

Tras su compulsiva internación en una institución frenopática de renombre, nuestro antropólogo amateur decide adentrarse esta vez en el desolador universo de quienes fatigan irremediablemente sus días y sus noches en oficinas y demás escenarios de la tragedia laboral de Occidente. Su propósito: revelarnos una desesperanzada galería de especímenes dignos de estudio. A continuación, su escrupulosa taxonomía.

• El Mateo. Masoquista autocompasivo. Este lastimoso percherón del universo laboral lleva en sus hombros la marca del arnés que diariamente se calza para tirar solito del carro de la empresa mientras los jefes revuelven sus bolsillos en busca del más que merecido terroncito de azúcar. Sacrificado patológico, acumula tareas y responsabilidades que sus compañeros generosamente le ceden mientras saltan ágilmente sobre el trampolín de su espalda en busca de los puestos que él nunca se atreverá a codiciar. Resopla todo el tiempo, pero no atina a repartir coces a quienes culpa de su situación. La indignación que produce su inofensividad mueve con frecuencia a la combustión espontánea.

• El monaguillo. Maestro en el arte de secundar, prescinde de iniciativa de modo mililtante. A diferencia del salmón, sólo nada a favor de la corriente, y siempre y cuando alguien lo remolque: sus compañeros le resuelven los trabajos, sus jefes absorben sus responsabilidades y sus empleados se hacen cargo de sus errores. A fuerza de corrección en los modales, escritorios ordenados y camisas discretas, se hace querer por sus superiores, siempre deseosos de recompensar la genuflexión, la carencia de ideas y la intrascendencia profesional de sus acólitos. Porque ¿a quién no le gusta estar rodeado de empleados que no proyectan sombra alguna?

• El comunista unidireccional. Mestre de la socialización del mérito, expropia compulsivamente los dividendos del trabajo ajeno. Debido a la privación de leche materna en la temprana infancia, persigue con desesperación el reconocimiento de cualquier figura de autoridad que ocupe el lugar de su progenitora. Su método consiste en enturbiar ostensiblemente el producido laboral de sus colegas, operación que lleva a cabo, en el trayecto hacia los despachos de los jefes, mediante el secuestro y la adulteración de toda idea u objeto generado por sus pares: la inserción de gratuitos signos de puntuación en copiosos informes de vecinos de escritorio; el comedido ejercicio de la glosa sobre esforzados proyectos de colegas; la sustracción, licuefacción y condimentación de dignas creaciones de cerebros aledaños… Toda confiscación de porotos ajenos resulta materia de orgullo, acaso porque la gloria laboral se encuentra ahí nomás, a unos cortos manotazos de distancia.

• El optimista mórbido. Adalid de la negación, se intoxicó durante la niñez con aquello de que “Crisis significa peligro y oportunidad”. Posee la capacidad de urdir el lado positivo de casi cualquier escenario: logra ver un despido como “una oportunidad para un nuevo comienzo” o un fin de semana súbitamente laborable, como “una ocasión para conocer mejor a sus compañeros”. Su espíritu feliz resulta tan flagrante que sus víctimas suelen resignar la venganza por temor a que la interprete como un aprendizaje.

• El rinoceronte desbocado. Terrorista verbal, actúa sobre compañeros y empleados con la impunidad de un interrogador de la prisión de Guantánamo. Manotea golpes bajos a discreción para zanjar situaciones de la vida laboral: un primo lejano alcohólico, una configuración facial poco afortunada, un trauma de la infancia, una renguera, el gusto en la elección de la ropa… cualquier dato personal de la víctima es útil para justificar la negativa a un aumento de sueldo postergado permanentemente, para la asignación de una tarea hercúlea en tiempos imposibles y sin recursos o para la denigración con fines disciplinarios. A fin de eludir el mal karma de su accionar, se fragua una imagen de sí mismo en la que la lisa y llana crueldad es maquillada como una franqueza hormonal e ingobernable.

• El caballo del comisario. Pariente lejano del anterior, sostiene su impunidad para el maltrato con la palanca que lo depositó en el puesto que usurpa. Por lo general, su talento, conocimiento y experiencia mantienen una relación inversamente proporcional con la imagen superlativa que tiene de sí mismo. Su primer día de trabajo suele parecerse a uno de esos documentales de la National Geographic en los que el joven mandril recién llegado pretende destronar al viejo macho y demostrar que está para más: orina en todos los escritorios para dejar en claro que todo distrito es suyo; reparte golpes entre los animales viejos de la oficina para que vean que la sangre nueva llega para quedarse… Todo con la venia del director de la empresa, que usualmente es un pariente. Suele provocar renuncias masivas de compañeros y empleados que se asemejan a estampidas.

• El fan. Marcado a fuego por la falta de figuras parentales sólidas en su niñez más tierna, opta por adherirse a cualquier espécimen de oficina lo suficientemente fuerte como para oficiar de role model. Su edipo desenfrenado se traduce en una veneración digna de la Difunta Correa: en las palabras de su progenitor sustituto, el fan halla sabiduría infinita; en sus actos, justicia y mesura; en su apariencia, belleza y armonía… Por regla general, el individuo beatificado de facto carece de todas esas virtudes que su inesperado devoto se afanará en endilgarle, pero, se sabe, el ejercicio militante de la negación es un viaje de ida…

• El progre de barro. Mesías del travestismo ideológico. Desde el llano y en condiciones de laboratorio, siempre está del lado del pueblo. Compra Página; escucha a Silvio, a Pablo y a todo cantante con compromiso pero desprovisto de apellido; ve sólo películas europeas e iraníes y las debate en la pecera para fumadores de La Paz; lee a Cortázar, a Galeano y a Benedetti; y siempre votó izquierda… Pero cuando las papas queman, abjura de su fe como quien deja el cigarrillo, y asume el discurso patronal con la aterradora virulencia de los conversos: aconseja despidos, sugiere recortes, denuncia llegadas tarde y asesora en el disciplinamiento irrenunciable de sus compañeros y empleados. A pesar de su funcionalidad al esquema empresarial, sus jefes suelen temerle.

• El ignorante. Solipsista desde la cuna, su percepción de lo que lo rodea no alcanza a trascender la epidermis. A su paso, numerosas vidas sucumben sin que él reciba el más mínimo indicio. Su rutina nunca sufre alteraciones porque es incapaz de registrar el contexto: llega, ficha, trabaja, almuerza, trabaja y se va, sin aprenderse nunca los nombres de sus empleados, compañeros y jefes más que el tiempo necesario para interactuar con ellos de nueve a seis. Su talento para el autismo lo hace con frecuencia objeto de sana envidia.

 

Are you talkin’ to me? Diciembre 15, 2008

Archivado en: Del editor — derjungewoerter @ 10:31 pm

Ah, qué extraño. Hicimos algo interesante, y algunas personas se han fijado en ello. Quienes gusten de rastrear tesoritos en polvorientas cuevas literarias, sean bienvenidos al proyecto de tres exquisitos individuos que no se resignan. Y del cuarto Beatle.

http://www.leedor.com/notas/2818—revista_siwa.html

 

Lückenhaft Noviembre 25, 2008

Archivado en: Del editor — derjungewoerter @ 11:13 pm

Hace mucho que no escribo. Me digo, mientras miro por milésima vez la pantalla de WordPress. Nuevo post. El nuevo síndrome que ataca a un escritor, el post en blanco. Uno se empieza a preguntar por el ¿público? Hay una deuda más o menos silenciosa con algunos lectores, amigos o desprevenidos viandantes de internet que pisaron mi blog alguna vez. La presión que mete la expectativa que uno (neurótico insalvable) construyó trabajosamente para luego rehuirle resulta algo agobiante, aun cuando sólo sea yo quien manifiesta algún interés en continuar con este ritual ególatra.

Una vez tuve un sitio. De poemas. Se llamaba Lückenhaft, cuya traducción del alemán es, más o menos, incompleto. Cuando inicié Der junge Wörter rescaté esos poemas perdidos, creyéndolos de algún valor. Quizás lo tengan. Pero el punto es que, entonces, mi percepción de la escritura era fatalmente catártica. Era desahogo. No podía pensar en la escritura como un ejercicio, como las sesiones semanales en el gimnasio. Aquello tenía sus pro y sus contra. Por una parte, la inconstancia en la producción estaba románticamente fundada: uno no regula sus pasiones, simplemente las deja fluir. La contra, justamente, era depender de esas pasiones —profundas, intensas, serias— y de su imprevisible, caprichosa visita para poder escribir.

Der junge Wörter es un intento por sistematizar la escritura. Como todas las sistematizaciones que puedo proponer, había cierto prusianismo en la determinación de las categorías y del tipo de texto que pretendía producir. Así, cuando uno no tiene una idea que encaje en una categoría, o no inventa alguna nueva, no hay escritura.

Hace meses que no me siento frente a la máquina para decir algunas palabras. Batallo hace bastantes semanas con un par de textos, algún cuento y otro Biotipos, ambos aún en lento proceso de producción. No sé cuando los termine, o si valdrá la pena que lo haga. Hace mucho tiempo que no puedo conectarme con las palabras, lidiar con ellas con la mixtura de desesperación, rabia y placer que suele producir la escritura.

Entonces pienso. Acaso pueda traducir a la escritura la disciplina del ejercicio físico, la constancia, la costumbre.

Será cuestión de probar.

 

Bienvenidos a Siwa Noviembre 25, 2008

Archivado en: Del editor — derjungewoerter @ 11:11 pm

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Manual de clichés (4) Marzo 10, 2008

Archivado en: Patafísica — derjungewoerter @ 4:44 pm

Sí, querido lector. Aquí estamos nuevamente, apuntando a mejorar su calidad de vida. Hoy, más tips útiles para integrarse plenamente a algo.

CLICHÉ 4: EL INTELECTUAL CRÍTICO
El mundo del pensamiento ofrece innumerables beneficios: homenajes legislativos, mesas redondas, columnas en suplementos culturales, empleos en el mundo editorial, cargos en la estructura del Estado… ¿Quién, en su sano juicio, querría dejar pasar semejantes delicias? Nosotros no y, seguramente, Ud. tampoco. Veamos cómo podemos ayudarlo.
• Procúrese una cara estatuaria. Un intelectual de fuste debe ser, ante todo, visualmente pregnante o, de otro modo, se confundiría sin más con la masa de raciocinio acotado. Barbas dervichescas, bigotazos inverosímiles y ceños marmóreos son algunos de los atributos deseables para acceder al Olimpo de la intelectualidad crítica. Por supuesto, Ud. no desea lucir como un intelectual orgánico, así que será menester sazonar la solemnidad de su cara con algún toque de desidia en la vestimenta (elecciones cromáticas cegadoras, ropas que rechazan el planchado), a fin de evitar que los mediocres descomprometidos lo supongan un frívolo preocupado por su apariencia.
• Exija respeto. La domesticación de otras subjetividades resulta esencial para cualquier postulante al podio de la intelectualidad polémica. En todo momento debe Ud., querido lector, cultivar una relación asimétrica con el resto de los mortales: desde el tuteo hasta la crítica (la más intolerable de las barbaries que se puedan cometer en su contra), todo trato hacia Ud. que aliente la falsa idea de una igualdad de estatus entre Su Persona y el resto del mundo deberá ser ejemplificadoramente penado. Los otros tendrán que dirigirse a Ud. con el debido Temor Reverencial, y Ud. les retribuirá con la necesaria mixtura de desprecio y paternalismo que se destina a quienes (parafraseando al pensador contemporáneo José Luis Chilavert) no han ganado nada.
• Ponga huevos en todas las canastas. Todo intelectual que aspire a que una plazoleta de Palermo o un aula magna lleven su nombre, no debe recluirse en la Torre de Marfil de la Academia pero tampoco zambullirse sin más en el mundo exterior, a fin de ahorrarse los epítetos que podrían caberle por su entrega total a la una (arielista del orto) o al otro (pelotudo exento de rigor). Apostar a ambos mundos le permitirá gambetear tales acusaciones y legitimarse moral e intelectualmente en una esfera sin perder puntos en la otra, asegurándole, además, unas cuantas changas porque, al fin y al cabo, el costo de vida aumenta todo el tiempo. De este modo, un empleo lucrativo como comentarista deportivo puede verse dignificado por su estatura intelectual y su sentido crítico (“Mediante un gesto enérgico, Peretti nuevamente ha sancionado off-side, con esa violencia oligárquica que exhiben los dueños de la tierra para desalojar de las áreas a los jugadores de los clubes chicos”) mientras que una clase teórica podrá ser utilizada para interpelar desde el lenguaje popular el irritante conservadurismo del mundo académico (“Ocurre que los viejos maracas de la cúpula eclesiástica invitaron a Abelardo al Concilio de Soissons con la excusa de que defendiera su obra de las acusaciones de herejía, pero los mascapitos ya lo habían condenado por adelantado y lo forzaron a quemar su obra, que es lo que las garcas que dirigen esta Casa de Estudios querrían hacer conmigo, si pudieran”).
• Tenga un millón de amigos. Sí, claro que Ud. desea ser un pensador incisivo, pero eso no implica arreglárselas solo, estimado lector. Un incansable cuestionador del poder establecido debe incansablemente establecer un poder que lo respalde en caso ser cuestionado: denuncias de plagio, de opacidad en el manejo de fondos, de acoso sexual, de ataque con arma blanca… nunca se sabe qué recursos pueden emplear los enemigos del pensamiento revolucionario para desacreditarlo. De ahí la importancia de tejer pacientemente una red de amistades bien posicionadas: decanos, editores de suplementos culturales, directores de organismos públicos, gremialistas de más de cien kilos, ministros, animadores televisivos… Allí donde algún ingenuo suponga una oportunidad para hacer mella en el sólido bronce de su reputación, sus defensores, querido lector, saldrán de a cientos, las fauces babeantes, a dar su merecido a quienes no saben guardar su lugar. Recuerde que la diferencia entre un don nadie y una Vaca Sagrada de la intelectualidad está dada por el peso de las firmas al final de las solicitadas.
• Gesticule visiblemente. Para un candidato a paladín de la controversia, el ademán es un ítem esencial. La provocación en público debe ser su norte, y los gestos bruscos su método; la corrección debe dejarse para los intelectuales televisivos, esos timoratos domesticados que nunca le llegarán a los talones: gritos, golpes en la mesa, amenazas de muerte, son algunas de las formas que deberá emplear constantemente tanto con sus detractores como con sus adeptos, para que a todos les quede bien claro que Ud. no baja la guardia ni ante los amigos.

Ahí tiene, querido lector. Otra vez le hemos brindado una serie de tips, en este caso para gozar de las mieles que trae aparejadas la condición de intelectual crítico. No se olvide de agradecernos cuando lo inviten al descubrimiento de su propia estatua ecuestre. Y si no era éste su anhelo, aguarde hasta la proxima entrega: acaso ése sea un cliché más de su agrado.

 

Fracasos de la parapsicología Febrero 4, 2008

Archivado en: Narraciones — derjungewoerter @ 2:04 am

Apenas entré en el bar, lo descubrí sentado en el rincón más lúgubre. K. ejecutó una serie de gestos nerviosos con el objetivo de guiarme a través del laberinto de maderas carcomidas que oficiaban de mobiliario comercial. Me dejé conducir mientras elaboraba, veloz, alguna hipótesis que explicara el tono levemente desesperado que había detectado a través del teléfono una hora antes. Tan pronto arribé a su mesa, K. me señaló una silla con la mirada; comprendí, entonces, que acarreaba la clase de secreto que sólo se mantenía a raya recurriendo a la comunicación no verbal. Estaba necesitado de catarsis, y accedí a escucharlo al tiempo que demandaba del más decrépito de los mozos del staff un capuccino a la italiana.

K. me explicó que todo había comenzado seis meses atrás. Su mujer (una dama robusta a quien yo había conocido en alguna fiesta y a quien había olvidado de inmediato y con envidiable facilidad) había cesado de desearlo. Bueno, no había sido tan de golpe, por supuesto. Había comenzado como suelen hacerlo estas cosas: gradualmente, sumando, primero, días, luego semanas y, finalmente meses de privación. Requerida por K., la mujer alegaba cansancio, aunque nunca se pronunciaba acerca de las causas de tal agotamiento permanente. Le pregunté si su mujer tenía un almohadón de plumas, pero las carencias de K. en el plano literario malograron mi chanza, y debí conformarme con la certificación de que todas las almohadas de la casa eran de espuma de goma.

K. me dijo que lo había intentado todo para reavivar el fuego de la pasión: cenas, disfraces, afrodisíacos, películas, clubes swingers… La mujer aceptaba todo con desgano, casi fastidiada por la persistencia de aquel hombre que (por motivos francamente misteriosos para mí) aún deseaba que ella lo deseara. La lista de recursos empleados se extendió durante un par de minutos más, pero no fue hasta que escuché la palabra parapsicología que el relato de K. se volvió interesante para mí.

Supuse que sólo alguien verdaderamente desahuciado podía confiar al universo de lo paranormal la tarea de procurarle sexo. Por supuesto, me permití imaginar algunas situaciones posibles: K. acariciando muñecas vudú en sus zonas erógenas, sacrificando gallinas en medio de un trance, invocando espíritus licenciosos con una tabla ouija…

La verdad resultó ser más atractiva. K. había adquirido por correo un kit que entrenaba en el uso de la energía mental con fines performativos. La técnica (un tanto circular en su concepción) consistía en sublimar la libido para utilizar la energía mental resultante en la consecución de la entrega carnal de la persona deseada. Hombre disciplinado y de pocas luces, K. prescindió hasta de las fantasías a fin de acopiar suficiente energía mental como para torcer la voluntad de su arisca mujer pero, en mitad del proceso, cedió a la propia carne. K. cifró en aquel pequeño desliz onanista el fracaso del método, y se excusó varias veces por su debilidad en tal sentido. Yo le comenté que, luego de tres meses de no ejercitar su miembro viril, lo menos que podía hacer un sujeto medianamente sano era permitirse una paja, y que acaso el fracaso del método se debiera a que era claramente inadecuado en términos científicos y una estafa en términos legales. Imaginé por un segundo el calvario de aquel hombre que desde hacía seis meses venía olvidando progresivamente la consistencia, los olores y la temperatura del cuerpo de la mujer que aún yacía a su lado por las noches, y que apenas si se había permitido una modesta autosatisfacción para luego sumergirse en la culpa.

Fue en ese instante que, frente a aquel individuo devastado, sentí la necesidad de poner un coto tanto a su calentura como a la intervención de los charlatanes de revista semanal y sus costosas, alambicadas e ineficaces recetas. Hurgué en mi billetera y ahí encontré, aguardando a un sujeto desesperado, la tarjeta de Marcia, la Anaconda Brasileña, ciento veinte – sesenta y cuatro – noventa y siete, una hora completa con todos los chiches, y por una módica suma que, sabía, no alteraría la economía de K. en lo más mínimo.

K. me miró con lágrimas en los ojos, emocionado acaso por haber tenido la solución a su alcance todo el tiempo. Se levantó casi de un salto, quizás impulsado por toda aquella energía acumulada durante meses de infructuosa privación, y abandonó el bar, no sin antes dejar pago su café e impago mi capuccino. Lo saludé sonriente desde la mesa, seguro de que Marcia le entregaría a K. algo de felicidad y a mí el diez por ciento de la tarifa, como habíamos arreglado en estos casos.

 

Resaca Enero 1, 2008

Archivado en: Del editor — derjungewoerter @ 3:18 pm

Bienvenido nuevamente, querido lector. Hace ya bastante tiempo que no nos vemos, acaso porque las obligaciones diarias conspiran contra cualquier forma de felicidad, acaso porque los excesos en materia de bebidas y comidas en los últimos meses de características festivas exigen tal afluencia de sangre al sistema digestivo que poca savia vital resta para el centro cerebral de la escritura. Cualquiera sea el caso, aquí estamos de nuevo, en el primer día del año, reinaugurando un espacio que a nadie interesa, a excepción de unos millones de lectores de diversas universidades extranjeras, a Diario Popular y a mis sufridos familiares y amigos. Adiós.

 

Manual de clichés (3) Enero 1, 2008

Archivado en: Patafísica — derjungewoerter @ 3:17 pm

Nuevamente nos presentamos en auxilio de aquellos que no pueden adherirse exitosamente a los grupos deseables. Esperamos les sea de provecho.

CLICHÉ 3: EL ADVENEDIZO
Pocas cosas resultan más admirables que alguien capaz de pretenderse experto sin más capital que una relación epidérmica con cualquier tipo de conocimiento, una autoestima laboriosamente sobredimensionada y una inagotable capacidad para el simulacro. ¿Desea Ud. ser uno de ellos? A continuación, unos consejitos.
• Incorpore conocimiento. Para todo advenedizo de ley resulta esencial impostar una avidez de saber de la cual carece por completo. Es menester, entonces, conjugar un máximo de visibilidad con un mínimo de rigor intelectual, a fin de producir en el espectador desprevenido la idea de que se está ante un multifacético genio de fuste. Todo suma puntos: talleres de toc toc y redoblante, cursos de Photoshop para retoque de fotos 4 x 4, seminarios de hermenéutica de las letras de Las pastillas del abuelo… Si le resulta posible, agréguele un poco de prestigio al cuadro, anótese en algún instituto primario con pretensiones de terciario y refiérase a él como “la Facultad”: Licenciatura en Telecomando Sexual y Ataque Psíquico, Maestría en Comunicación Orientada a Suplementos Femeninos, Doctorado en Levaduras, todo resulta útil en la carrera hacia la impostura del saber.
• Anexe territorios. Para un advenedizo hecho y derecho, el Lebensraum (espacio vital) resulta siempre una necesidad en perpetua expansión. ¿Para qué abarcar poco y apretar mucho, cuando se puede ser exitoso haciendo exactamente lo opuesto? Acaso, querido lector, estos recursos sean tildados como falacias argumentativas por algunos moralistas, pero Ud. deberá gambetear esos sentimientos de culpa tan judeocristianos con el fin de usurpar inobjetablemente los campos de acción de otros humanos menos dotados para la supervivencia. Veamos algunos criterios aplicables.
a) Contagio: un encuentro lejano del tercer tipo habilita para considerarse experto en un terreno que resulta tan inexplorado como la llanura abisal. Un primo segundo que asiste a un taller vocacional de pintura sin manos es suficiente vínculo con el saber para emitir juicios tan arbitrarios como convincentes acerca del pobrísimo papel del cubismo en la historia del arte moderno.
b)
Contigüidad:
se apoya en la noción de deslizamiento, tan en boga entre los gurúes del éxito advenedizo, que consiste en que cualquier saber o capacidad, mediante un movimiento más o menos ínfimo, se hace asimilable a otro saber o capacidad. De la manipulación de bollos de pizza a los estudios sobre cultura de masas hay apenas un par de pasitos intelectualmente imperceptibles.
c)
Blitzkrieg:
¿Es útil la diplomacia para obtener algo? La invasión de Polonia del ‘39 prueba que no. Aquí lo aconsejable es plantarse en tierras desconocidas de modo intempestivo y con la aplastante seguridad del experto. Poco importará si Ud. apenas sabe cómo encender una PC en tanto sea capaz de hablar con impune aplomo acerca de cuestiones tecnológicas, salpicando su discurso con palabras exhumadas de la ciencia ficción de los ‘50 como vanguardia, robótica y electrónica.
• Escrache al experto.
¡Ah, querido lector, qué placer se obtiene del maltrato público de aquél que sí sabe! Si desea ser un advenedizo de verdad, no puede dejar pasar la falta de quienes que poseen el conocimiento que Ud. apenas alcanza a simular. El escrutinio de toda palabra o acción que le huela a yerro ajeno ha de ser su obsesión, y el vituperio a cielo abierto del inadmisible desacierto del prójimo instruido, su causa final. Para ello, es menester proveerse de las más diversas fuentes y consultarlas de forma oblicua, a efectos de poder citarlas cuando se resalte esforzadamente el fallo de aquellos que, teniendo el pan del saber, carecen de los filosos dientes de escualo con los que Ud. fue dotado.
• Diluya su responsabilidad. Complementario del precedente, este consejo busca resguardarlo, querido lector, de los costos que implica el error propio. Porque, convengamos, no suele ser fácil sanatear de modo convincente acerca de cualquier materia y salir siempre airoso de la farsa. Ahí es cuando Ud. debe suavizar los efectos adversos de su incursión en terrenos desconocidos. Diluya su responsabilidad en la sangre de alguna víctima propiciatoria más o menos plausible, pero siempre con un fraguado rictus de congoja por lo penoso y humillante de la situación… del otro. Lo cortés –se sabe– no quita lo hiriente. “Así que ‘helicóptero’ se escribe con hache… Qué penoso, porque yo le había enviado el texto a la licenciada Petruzza, que es correctora en un diario de alcance nacional, justamente porque confiaba en sus conocimientos, y como ella no me había marcado nada… Pero bueno, pobre, con el problema de bebida que tiene, es lógico que se le escapen algunas cositas…”.
Devalúe el saber ajeno. Un advenedizo de pura cepa tiene claro que su intelecto ha de ser metro patrón para la raza humana. Por ello, deberá descalificar amable pero firmemente todo conocimiento o habilidad que se hallen fuera de su esfera de simulacro y convertir así sus carencias en renuncias voluntarias, ya sea argumentando pedantería (cuando los conocimientos en cuestión superen incontrastablemente sus capacidades) o chatura (cuando se trate de saberes cuyo simulacro no reporte prestigio suficiente). “Nunca tuve interés en ser parte de la secta académica, con toda esa gente que habla en difícil y sólo se lee a sí misma… De ahí que me hiciera echar de cinco colegios y me quedara sólo con segundo año de la secundaria, que es exactamente cuando el sistema educativo deja de transmitir los contenidos verdaderamente valiosos”.

¿Y bien, querido lector? ¿Ha logrado ya Ud. su ingreso al universo de los exitosos con escrúpulos reducidos? ¿Ah, aún no? Recuerde, entonces, persistir en el simulacro con el suficiente ahínco como para que quienes aún se resisten a ser superados por un mediocre con ínfulas (sepa Ud. disculpar la crudeza, pero es el lenguaje que utilizan los derrotados) aprendan lo que es bueno y cedan de una vez esos espacios que no saben aprovechar. Hasta nuestro próximo encuentro.

 

Brugge Septiembre 23, 2007

Archivado en: Poesía — derjungewoerter @ 12:14 pm

Suspended in bittersweet dusk–
The queen of Flemish adrift,
That evil seraphs do stain,
And mournful waters do weave.

Dead maiden long forgotten
Under gray skies disappeared
Unwilling to be pictured,
But waiting to be seen.

 

A perfect circle Septiembre 17, 2007

Archivado en: Poesía — derjungewoerter @ 7:22 am

Smothering
Tight umbilical noose
Gathering blood
Before dead pyres.

And we all stand still
Those endless hours
Playing Pompeians
Covered in past.

 

Manual de clichés (2) Agosto 24, 2007

Archivado en: Patafísica — derjungewoerter @ 9:59 pm

Bienvenido nuevamente, querido lector. Si aún no has logrado una adaptación exitosa al medio de tu preferencia, henos aquí otra vez para facilitar tu ingreso indoloro al estereotipo deseado.

CLICHÉ 2: EL EMPLEADO DEL MES
Acaso el lector desvalido alguna vez haya deseado pertenecer a la casta de asalariados notables cuya efigie proyecta éxito desde las paredes del baño de la empresa en la que resigna los más productivos años de su vida. Pocas cosas deben ser más reconfortantes que saborear diariamente el esquivo favor de los jefes, esos padres exigentes que nunca tienen suficiente amor para todos sus vástagos; muy probablemente el lector haya celado a su odioso colega como un hermano resentido lo hace con el preferido de sus progenitores. Ya es tiempo de abandonar esas actitudes negativas que a nada bueno conducen y de tomar el toro por las astas. Siga estos consejos.
Ofrezca soluciones. Pocas cosas son más apreciadas por un jefe hecho y derecho que la existencia de alguien que le permita gozar de las mieles del cargo sin padecer la persistente molestia del trabajo que suele implicar. Es entonces cuando Ud. debe resultar imprescindible, resolviendo problemas allí donde parezca haberlos, o creándolos a medida de las soluciones que oportunamente fraguará. Es menester magnificar toda situación problemática, a fin de poder resaltar luego la trascendencia del aporte realizado: un verdadero Empleado del Mes debe lograr que sus jefes posen su mirada sobre él toda vez que le sea posible fabricarse algún mérito. La clave para producir ese efecto radica en la mise en scène, que apunta a resaltar el generoso esfuerzo que Ud. realiza en beneficio de esta segunda familia que es La Empresa. De ahí que la relación entre la importancia de la tarea y la cantidad de energía invertida en ella deba ser obscenamente desproporcionada: perpetre la clasificación manual de la correspondencia en función del color predominante en las estampillas, redacte instructivos ultrajantes para estandarizar la apertura de las canillas de agua caliente de los baños, diagrame recorridos de colectivos para evitar las llegadas tarde de sus compañeros que tanto perjudican a La Empresa…
• Póngase la camiseta. Sí, querido lector, es posible que esto le granjee apelativos como buchonazo o alcahuete (claramente motivados por la envidia), pero no debe perder de vista que los resultados a futuro bien lo valen. Lo primero que debe recordar es que, sea cual fuere el conflicto, el lado correcto siempre es el de La Empresa: si los baños fueran inviables, usted demostrará que la retención de desechos corporales resulta beneficiosa para el rendimiento laboral.
• Destaque la falta ajena. Resulta infalible para ganar puntos con sus superiores. Cualquier jefe que se precie de serlo requiere un sniper (un francotirador, bah), alguien con vista de lince que marque las conductas erradas, que hiera de muerte a los infractores que tanto dañan a La Empresa y complican la ardua faena diaria de las esforzadas castas directivas. Horarios de almuerzo injustificadamente extendidos, hurto de banditas elásticas, charlas prolongadas en los pasillos, todas esas agresiones al equilibrio del ecosistema laboral y la productividad de La Empresa deben ser castigadas y, si bien no está Ud. en posición de hacerlo, al menos puede proveer a su jefe la evidencia necesaria para lograr la condena. Por supuesto, la marcación de la presa debe comportar un cierto grado de obscenidad, pero con clase: “Me habría encantado tenerle preparado el informe, pero necesitaba unos datos de Fernández, y como él suele llegar algo tarde y retirarse un poco más temprano no hice a tiempo de pedírselos…”.
• Demuestre sumisión. ¡Ah, qué delicia que es la dominancia para el negro paladar de un jefe! Como se puede apreciar en los didácticos documentales de National Geographic, la sumisión hacia el más fuerte se presenta como un recurso que garantiza la supervivencia. El principio es que la autoridad (sin importar cuán infundada, arbitraria y banal pueda parecer) no debe ser desafiada ni en las más inocuas formas. No pretendemos que Ud. (como si se hallara frente al macho dominante de una jauría) camine agachado, con la cola baja y las orejas orientadas hacia atrás cada vez que se encuentra frente a su jefe, pero…
• Acote su universo. Complementario de la camiseteada, consiste en explicitar su entrega incondicional a la empresa por vía indirecta. Su discurso debe siempre ceñirse al diminuto aunque intenso mundo de la oficina, como si no tuviera otra cosa en la vida (si no la tiene, mejor: un actor del método resultará más convincente). Hablará de sus compañeros de trabajo como Luis Sandrini hablaría de unos hijos revoltosos pero queribles; reivindicará la calidez de su cubículo frente a la frialdad de su domicilio legal; postulará al subgerente de compras como el padre que le habría gustado tener…

¿Y bien? ¿Ya se halla adherido a alguna pared de la egregia oficina en la que fatiga sus días sin noches? Si aún no lo ha logrado, sepa que, apegándose a estos lineamientos, sólo es cuestión de tiempo…

 

Manual de clichés (1) Junio 29, 2007

Archivado en: Patafísica — derjungewoerter @ 5:31 pm

En esta útil sección, de aparición tan irregular como su calidad, intentaremos brindar una serie de consejos (perdón, de tips) destinados a posibilitar que cualquier sujeto morigere lo incómodo de tener una personalidad que desorienta taxonomías, y que se asimile sin problemas a cualquier grupo humano de características definidas. Comencemos, pues, con este invalorable servicio a la comunidad.

CLICHÉ 1: EL CULTO
Una necesidad frecuente en nuestros desesperados y miserables lectores es la de no desentonar en eventos culturales (vernissages, cafés literarios, mesas redondas, reuniones académicas o invitaciones a El refugio de la cultura). Los testimonios acerca de la sensación de orfandad que padece el forastero en tales eventos son, invariablemente, conmovedores. A fin de atenuar el padecimiento y lograr la feliz adaptación del sujeto al entorno, brindamos a continuación algunas prácticas sugerencias.
• Escuche música clásica. ¿Dónde se ha visto que una persona culta escuche metal? Haga Ud. la prueba, querido lector, de entrar en alguna reputada librería de su ciudad: ¿cuál es, invariablemente, la música ambiental de ese sagrado depósito de mercancías culturales? Mínimo, un Mozart. Es sabido que los intelectos exigentes buscan placer en lo complejo, de modo que si Ud. acostumbra escuchar, por ejemplo, a Megadeth, lo máximo que se esperará de Ud. en términos intelectuales es que califique como analfabeto funcional.
• Hable difícil. ¡Ah, qué felicidad siente el culto en sustraerse de la basta realidad para hablar de cosas importantes! Una de las claves para estar a tono en contextos eruditos es tener en claro que lo que distingue al individuo cultivado del vulgo es el registro del habla. Para sustentar esa diferencia, es menester la posesión de una jerga; si carece Ud. de una, procúrese una profesión que la provea o, cuando menos, consígase un glosario. Secreto para el débutant: construya ristras de vocablos arcaicos, improcedentes y de pronunciación trabajosa, y profiéralas en cualquier ocasión que le proporcione el suficiente grado de visibilidad.
• Carraspee. En sus parlamentos, el aprendiz de culto debe, con cierta frecuencia, intercalar lo que se denomina carraspeo culto, una tosecilla dosificable que en lenguaje historietístico suele traducirse como ejem. Una de las funciones (acaso la más importante) de este dispositivo consiste en aportar la necesaria pausa dramática al discurso del sujeto refinado e instruido, además de brindar unos valiosísimos segundos para la selección y alineación de los siguientes vocablos arcaicos, improcedentes y de pronunciación trabajosa que formarán parte de un buen discurso culto. Si Ud. posee una garganta delicada, que pudiera dañarse por impostar permanentemente la adhesión de mucosidad a la glotis, puede reemplazar el carraspeo por la dubitación culta, que consiste en la estratégica inserción de las partículas eeeh o esteee a lo largo de sus intervenciones.
• Consuma cine exótico. ¡Ah, qué gran aporte ha hecho la crítica especializada a la cultura occidental! Si no fuese por tantos programas, sitios y publicaciones, jamás habríamos podido disfrutar de la imposibilidad narrativa de La manzana y tantas otras joyas cinematográficas de allende el Éufrates. El aspirante a culto deberá tener en cuenta que existe una relación directamente proporcional entre la distancia geográfica del país de procedencia de un filme y la valoración crítica que de él se hace; a mayor millaje, mejor es la película, de modo que, ateniéndose a esta regla, el lector podrá inferir sin dificultades el valor de un largometraje argentino filmado en Barracas.
•Elija minorías. El individuo cultivado tiene en claro que el número contamina, de modo que siempre preferirá, siguiendo el consejo de Robert Frost, los senderos menos transitados: la música menos escuchada, los escritores menos leídos, los eventos menos concurridos. Lo esencial en este caso es la dificultad que entraña el acceso a tales mercancías y convites: lo inhallable, lo inaccesible o (sobre todo) lo escaso es, por fuerza, lo más exquisito. El sujeto culto debe gambetear a la masa en toda ocasión porque, se sabe, la Verdad y la Belleza están allí donde hay menos gente por metro cuadrado y se puede respirar mejor.
• Fume en pipa. No se trata de un ítem esencial, pero suma. Si Ud. es asmático, puede saltearse este apartado, o bien circular con la pipa en la boca, pero sin ponerle tabaco. Si es ya Ud. un fumador, sabrá apreciar el favorable cambio estético que implica pasar de parecerse a Pucho, el ayudante de Neurus, a verse como un familiar de Freud. Pocas imágenes dan culto tanto como un individuo con la pipa en la mano mientras enuncia una serie de de vocablos arcaicos, improcedentes y de pronunciación trabajosa. Cabe hacer una advertencia para el novel: procure fumar en pipa en contextos cultos. El lego puede confundir el dulce perfume del tabaco de pipa con el vulgar olor de la chala, y sería muy penoso que una muestra de cultura tan evidente se viese mancillada por una inadecuación de individuo y entorno. No tire margaritas a los chanchos.

Esperamos que estos humildes consejos le permitan integrarse felizmente en contextos de gente de intelectos refinados y exigentes. Nos vemos en la próxima entrega, cuando ayudaremos a otra serie de parias a confundirse con el grupo humano de su preferencia.

 

El retorno del Rey Junio 25, 2007

Archivado en: Del editor — derjungewoerter @ 11:28 am

Luego del forzado silencio que me había impuesto la proscripción de mi persona por parte del gobierno totalitario de Islas Maldivas, he retornado para azotar las circunvoluciones cerebrales de aquellos que se atreven a recorrer este no-lugar. Que la Fuerza los acompañe.

 

Biotipos de fiesta Junio 2, 2007

Archivado en: Patafísica — derjungewoerter @ 2:11 pm

El antropólogo amateur encuentra en las fiestas y reuniones una ocasión óptima para analizar la conducta humana. Los modos de comer, de hablar, de relacionarse con los otros, de presentarse ante los demás son un material valioso para quien guste ejercitarse en la proposición de taxonomías.

Con apenas unos eventos sobre sus espaldas, nuestro anónimo enviado nos invita a interesarnos en algunos de los descubrimientos que procuró, luego de una investigación científicamente rigurosa, organizar a partir de los siguientes arquetipos.

• El anfitrión. Usualmente devorado por el estrés, el disfrute le está vedado. Para él, la fiesta consiste en cocinar, servir, reponer lo faltante, guiar invitados hacia el baño, conseguir ceniceros y limpiar vómitos. Se siente en la obligación de estar con todos y, con un conmovedor despliegue de energía, logra no estar con nadie. Debido a sus problemas de memoria a corto plazo, por lo general sólo recuerda haber recibido y despedido a sus invitados; el intervalo sólo lo puede reconstruir mediante testimonios.

• Il divo. Dotado de un ego inexplicable, interpreta que cualquier coincidencia de más de dos personas en un mismo recinto tiene por objeto principal rendirle homenaje. Saluda desconocidos como si siempre hubiesen deseado codearse con él, se conduce con la autoridad de la que el propio anfitrión carece y participa en conversaciones en las que nadie deseó incluirlo, usualmente aportando opiniones tan arbitrarias como tajantes: “¿Hamlet? La peor obra de Shakespeare. No la leas”. Produce mayormente rechazo, pero es incapaz de registrarlo.

• El impar. Desafortunadamente, su número es el uno. Por algún motivo oscuro, se lo suele invitar a reuniones a las que todos los demás concurren en pareja. Incapaz de utilizar la primera persona del plural en sus anécdotas, su experiencia es miserable de principio a fin. Si, por desgracia, es mujer, las preguntas sobre su soledad y los consejos para remediarla serán aun más encarnizados.

• El planificador. Se prepara como si estuviese proyectando una obra de ingeniería. Supone que las fiestas son ocasiones en las que debe “soltarse”, y decide planificar la soltura al detalle. Practica Programación Neurolingüística para Fiestas en base a verbos con resonancias accidentológicas como “desbarrancar”, “derrapar” y “descarrilar”. Si se emborracha, sólo es porque ya tenía mensurada la cantidad de alcohol que se permitiría ingerir.

• El transgresor social. Variante culposa del planificador. Menos liberal de lo que necesita creer, disfraza su moral de pueblo chico con ademanes de reviente urbano. Encuentra en las fiestas la ocasión perfecta para incursionar en aquellos placeres que le están vedados en su vida cotidiana, pero le preocupa enormemente lo que puedan pensar de él. Sostiene con suficiencia que mezclar moscato con gaseosa, fumarse un toscano chipriota o expeler piropos soeces a discreción son actividades perfectamente inocentes, pero no cesa de aclarar a sus interlocutores que sólo las perpetra en contadísimas ocasiones, y siempre cuando alguien le convide o lo secunde.

• El desintegrado intencional. Su odio hacia las fiestas es militante. Acepta las invitaciones con la rencorosa obediencia de un espartano reclutado para combatir en Las Termópilas. Todo le disgusta y lo hace saber cada vez que alguien comete la imprudencia de ser su interlocutor. Supone que la música fue elegida con el único fin de arruinarle la digestión de comidas que no cesa de objetar. Los motivos por los que sigue siendo invitado son tan inexplicables como la reposición de la Piedra Movediza de Tandil.

• El desintegrado accidental. Variante desgraciada del anterior. Él desearía ardorosamente pasarla bien, pero no puede evitar sentir que la fiesta es una conflagración preterintencional. La comida le agrava la úlcera, la música es demasiado fuerte, la conversación se centra en gente que desconoce… Se siente como un huerfanito de Dickens, pero no lo expresa para no arruinar la diversión ajena. Los motivos por los que sigue aceptando invitaciones son tan inexplicables como la reposición de la Piedra Movediza de Tandil.

• El gracioso infructuoso. Sus humoradas siempre están fuera de registro, pero le resulta imposible percatarse de ello. Escatológico profesional, ofende a personas que apenas conoce sin el menor esfuerzo y remata sus intervenciones con risotadas convulsivas que remedan un pecarí en celo. Se siente el alma de la fiesta, pero la opinión general suele ser que es un pelotudo a manija.

• El sátiro. Víctima de un indómito priapismo, su conducta se ordena en torno a una lascivia desbordante. Capaz de encarar a una viuda en pleno funeral, carece de escrúpulos tanto como de atractivo. Suscita en las mujeres abordadas la imperiosa necesidad de huir, que procura malinterpretar como una instancia natural del cortejo. Se supone un imán sexual, pero, por desgracia, las mujeres que persigue no son metálicas.

• El inconsciente individual. Psicótico festivo. Ignora felizmente el efecto que causa su conducta, lo cual lo vuelve tan molesto como inimputable. Descarga su vejiga en la jarra del clericó, persigue al perro de la casa con ansias de cópula y manosea enanos de jardín sin sonrojarse. Su carencia de registro le permite salir indemne de un careo con los testigos de sus tropelías.

• El adelantado. Sibarita de la angustia anticipada. La ansiedad corroe su psiquis y le impide disfrutar del momento. Si la fiesta recién empieza, ya está afligido por la despedida. Se solaza en la desesperación que le causará la espera del próximo evento y ahuyenta a cualquiera que pretenda pasarla bien. Usualmente se retira antes de tiempo.

 

De las estatuas vivientes Mayo 23, 2007

Archivado en: Patafísica — derjungewoerter @ 12:50 pm

El paseante desprevenido se topa, ocasionalmente, con ciertas laboriosas intrascendencias que se agrupan bajo una denominación con pretensiones oximorónicas. Si la suerte lo acompaña, el flâneur será objeto de un polémico agradecimiento, caligrafiado con pulso firme y trazo sensible, estratégicamente ubicado junto al receptáculo para donaciones: “Gracias por apoyar al arte”.

Si el paseante se permitiese una pregunta retórica acerca de la calidad artística del esforzado veinteañero que se gana la vida replicando la estatua viviente de un esforzado veinteañero que se gana la vida replicando una estatua viviente, la respuesta negativa a la que posiblemente llegaría lo condenaría al arcón de los reaccionarios de la cultura. El platónico caminante podría defenderse argumentando que, si ya el original de La pietá de Miguel Ángel era inferior en calidad a su idea, la imitación de La pietá con la que uno podría encontrarse, digamos, un mediodía en plaza Flores, debería ser, aunque más no sea por el principio de la pérdida de calidad de la copia de una copia, objeto de discusión.

Nuestro peripatético amigo soportaría entonces, dignamente, la conmovedora ristra de sofismas de entusiasmo menguante con los que se suele defender el estatus artístico de esta práctica: a) el parecido con el original, b) la laboriosidad de la puesta, c) la ejemplar resistencia a la furia de los elementos, todos ellos pasibles de ser demolidos en la siguiente secuencia: a) la dudosa existencia de intención artística detrás del parecido innegable entre hermanos gemelos, b) el carácter meramente utilitario que reviste la construcción de diques por parte de los castores, y c) la estéticamente pobre pasividad de un agente de policía en una lluviosa noche de invierno.

Tras defender de modo infatigable su posición, nuestro noble viandante sería, casi indefectiblemente, sometido al último recurso de los abogados de las tallas móviles: el argumento moral. Este alegato (seguramente expelido con la desfalleciente vitalidad de un telemarketer en su última hora de trabajo) consistiría en elogiar la opción de los autoestatuarios por su penalmente inobjetable modo de ganarse la vida frente a otras opciones menos deseables, como los secuestros express, los asaltos a bancos y el sicariato.

Y he ahí el golpe milagroso, aquel que, contra las cuerdas y sin resto físico, da un boxeador desesperado. ¿Qué podría responder nuestro transeúnte a semejante argumentación? Finalmente derrotado en el último minuto, sólo le quedaría poner un billete de diez en la improvisada urna, darle una amistosa palmada en la espalda a la perfecta (si no fuera por los brazos y la cabeza) réplica de la Victoria de Samotracia, y retirarse con cierta resignación, consolándose con la idea de que siempre es mejor una estafa que un delito violento.

 

Typographia Longinotti – Monólogo de cierre – Ciclo lectivo 2000 Mayo 20, 2007

Archivado en: Clásicos — derjungewoerter @ 2:39 pm

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Breve Historia del Onanitismo y de su influencia en el surgimiento y desarrollo de la Cátedra Longinotti de Tipografía en la carrera de Diseño Gráfico de la FADU-UBA

Buenas noches. Cada año veo esta sala llena, y me pregunto: ¿Dios mío, qué hacen acá? Lograron sobrevivir a la cursada y aún se empeñan en desperdiciar otra noche de viernes con nosotros. Digo, la nota final ya está puesta, el chantaje emocional ya no les va a dar resultado alguno, así que ya dejen de simular que nos quieren, y eso. Podrían perfectamente estar aprovechando su tiempo en actividades socialmente más valoradas que la educación universitaria, como el robo a mano armada, la trata de blancas, o el satanismo noruego y la quema de iglesias. En cualquier caso, me resulta asombroso que dos bandos tan hostiles como los de los alumnos y sus ex-docentes puedan reunirse en un mismo espacio sin que esto devenga intercambio de escupidas, escenas de pugilato amateur e intimidación con elementos punzantes; aparentemente, basta con pertenecer a un mismo grupo académico para moderar estas pintorescas manifestaciones del sentido de pertenencia. Así que uno se pone a pensar: ¿qué es una cátedra? ¿Cuál es su rasgo distintivo? ¿Eh? No es, por ejemplo, el que haya una lista de inscriptos, porque también los cementerios están llenos de gente que figura en listas, y nadie los considera unidades académicas; además, los inscriptos en esas listas tienen una tendencia al presentismo envidiablemente anormal para lo que estamos acostumbrados.

En realidad, una cátedra se define por su material humano, invariablemente compuesto por dos hordas, una de docentes y otra de alumnos, ambas igualmente ejercitadas en el vandalismo y el consumo descontrolado de alcohol, y vinculadas entre sí por una relación digna de Sade y Von Sacher-Masoch. Es decir, ambos grupos coinciden en la irrefrenable necesidad de hacerse la vida mutuamente miserable, los unos pidiendo entregas en formatos odiosos, los otros haciendo entregas odiosas. De todos modos, esta no es una organización acéfala: toda esta tortura de doble vía está reglamentada por una Figura Mítica: el Titular. El Titular es esencial, porque tiene la indelegable misión de darle nombre a la cátedra, hecho imprescindible en dos instancias de la vida académica del alumno: a) para encontrar el taller donde cursa, y b) para incluir el apellido del Titular en sus insultos. Pensemos en la dificultad de lograr una rima con la expresión “el señor Titular de barba”, frente a la comodidad y candidez del familiar “Longinotti compadre”. De todos modos, el legado de un Titular para su cátedra es bastante más extenso y profundo que un nombre adecuado para injurias afectuosas. La lista puede incluir la adicción a las pastillas de freno, el gusto por la sangre de vírgenes, el estudio metafísico de la seborrea, el moldeado de repulgues para empanadas, el análisis antropológico de la hinchada de Flandria, e incluso la Religión, como es nuestro caso.

Sí, amigos, porque nuestra cursada no es una manifestación azarosa de las fuerzas del mal ni la verificación empírica de los efectos del caos en la pedagogía, sino apenas un plan de ejercicios fundados en el dogma de la Religión de Onanito, un Dios tan tímido que sólo aparece de perfil, como Julio Iglesias. Es un tema importante el del Onanitismo (tal es el nombre del culto) en nuestra cátedra, porque todo conocimiento, actitud o evento –incluido el de esta noche- es producto de esta Fe Tipográfica, de modo que les haré un pequeño resumen de lo más importante acerca de este dogma que ha pasado a regir sus vidas y arruinar sus cabezas al punto de seguir sentados después de estos primeros desvaríos.

La totalidad de los fundamentos del Onanitismo está contenida en su Libro Sagrado, el Dixit, un texto pletórico de sabiduría a dos columnas, cuerpo 10 sobre 14. Cabe decir que las similitudes entre el Dixit y la Biblia de los católicos es bastante notable, a tal punto que no se ha podido determinar aún cuál de los dos textos es el original. El Dixit narra detalladamente la historia del Onanitismo, comenzando por la creación del Univers en siete días; la historia de la primera sans serif y su compañera la romana, de cómo comieron de la Apple Prohibida, y fueron desterradas al Reino de los Tipos Móviles, debiendo ganarse la impresión con el entintado de su frente, y parir con dolor la primera sans serif humanista. Otros pasajes destacables del Texto Sacro tienen que ver con la llegada de Onanito encarnado en un Mesías Tipográfico para lograr la salvación de los diseñadores que no distinguen entre la Times y la Helvetica: nos habla el Dixit de su prédica en el desierto de los Kioskos con Fotocopiadora; de cómo fue tentado para emplear la Trajan en el diseño de una bandera para los clubes de fans de Yerba Brava y Flor de Piedra; de su sermón en las Barrancas de Belgrano frente a la hinchada de Excursionistas; de sus milagros, como la multiplicación de las variables y los tipos textuales; y, finalmente, de su ofrenda en sacrificio a las bárbaras huestes de Operadores de Corel del IAC. Consta en el Dixit que el cuerpo de Onanito permaneció dos días enterrado en la Caja Baja en una imprenta, y resucitó al tercer día, para ascender, acompañado por el Espíritu Postscript, al cielo de los Tipógrafos, donde todos tienen una colección de fuentes de Adobe. Y también dice el Libro Sagrado que Onanito dejó numerosos discípulos como San Giambattista Bodoni, El Milagroso, que logró la Transmutación de las Romanas Transicionales en Modernas, y que fue un pilar fundamental en la formación de la Iglesia de las Cuatro Tintas, representante exclusiva hasta nuestros días de la Religión de Onanito y de todo su merchandising de compra obligatoria, y de la cual, como corresponde, somos miembros.

Pero el Dixit no sólo cuenta la historia de Onanito, sino que también nos deja testimonio de sus Mandamientos en una sección titulada “Haz esto, o te pudrirás en el infierno”. Como estos principios rigen la conducta de todos los seguidores de Onanito, nos parece adecuado recordarles algunos, sobre todo a los que van a cometer la insensatez de cursar Typo Dos con nosotros. Dice Onanito:
• No matarás al plotteador que, a dos minutos de la entrega, te dice “Hubo un problemita con el color”.
• No desearás la Emigré del prójimo.
• No robarás ideas de tus compañeros, a menos que puedas eliminar testigos.
• No invocarás a Garamond en vano, por ejemplo para diseñar la tapa del nuevo CD de Meta Guacha.
• Honrarás a tus docentes como si fuesen seres humanos.
Conociendo en su infinita sabiduría el inacabable ingenio de los alumnos para hacer el mal a través de sus entregas, Onanito decidió no dejar resquicios legales que avalaran conductas reprochables, así que desarrolló una obsesiva lista de quinientos veintiséis mandamientos y medio, excediendo largamente los modestos diez del catolicismo. La lista completa forma parte del merchandising oficial del Onanitismo, y por una módica suma permite acceder a dos bonus tracks.

Sin embargo, las formas en las que el Dixit ha influido en el funcionamiento de esta cátedra y la formación espiritual de docentes y alumnos, es más amplia aún. Una de las secciones de la historia del Onanitismo que ha resultado de más utilidad para la manipulación y el maltrato de los alumnos es la de “El Arca de Caslon”. Básicamente narra la historia de un docente que, en un mundo de promiscuos operadores de Corel que se entregaban a la lujuriosa combinación de cientos de familias tipográficas en un mismo volante de 20 x 12, recibe un aviso de primera mano acerca de un diluvio de tinta Pantone© black que venía a limpiar la tierra de tanta letrita orgiástica, y comienza a construir un arca, destinada a preservar un ejemplar de cada uno de los especímenes de alumno, para posibilitar su posterior reproducción y, milagros mediante, aprendizaje. A través de la narración, el Texto Sagrado describe minuciosamente cada una de las dieciocho especies, basándose en sus comportamientos frente a la instancia de entrega, y dando lugar a uno de los pasajes más reveladores del Dixit. Los especímenes mencionados son los siguientes:
• El Carismático Infructuoso. Padece un optimismo patológico; cree que la simpatía hace milagros, así que intenta revertir una entrega espantosa mediante un arsenal de chistes olvidables. Es la clase de sujeto que se considera simpático, jucio que nunca se ocupa de contrastar con la opinión general, para evitar desilusiones. Pretende embaucar como un Vendedor de Tiempos Compartidos, pero le falla.
• El Temeroso de Dios. Probablemente víctima de una educación religiosa estricta en su más temprana infancia, el misticismo le nubla el juicio. Cree que protagoniza el Antiguo Testamento; entrega su sobre con los brazos extendidos, como quien ofrece un cordero en sacrificio, y luego se retira a esperar el castigo de Yahvé, o sea la Nota. Por suerte para los docentes, nunca objeta una calificación por temor a la Ira Divina.
• El Sindicalista. Agitador amateur. Extiende a sus compañeros protestas o excusas que son únicamente suyas. Se reconoce su discurso por el abuso de la primera persona del plural y de las generalizaciones taxativas: “todos”, “ninguno” y “nadie” son sus palabras favoritas para excusarse por lo que no hizo.
• El Zurdo. Biotipo característico de Tipo Uno. Tiene conciencia de minoría, y la explota. Cuando se siente amenazado, esgrime su zurdera como si fuese una discapacidad, sobre todo en la etapa caligráfica del aprendizaje. “¡Claro que borroneo cada cosa que escribo! ¡¿No ves que soy zurdo?!”
• El Metafísico. Como Platón y sus discípulos, recela del mundo de lo material, así que decide prescindir de los aspectos físicos de la entrega, y sólo trae un montón de descripciones sobre su proyecto tan incomprobables como seductoras.
• El Timbero Prudente. Juega seguro: pares, nones, columnas, colores, todo. Si la entrega consta de tres piezas, hace doce para cubrirse.
• El Corredor de Bolsa. Ni siquiera entregó, y ya especula con las notas.
• El Paria. Primo agnóstico y con mala suerte del Temeroso de Dios. Se le vuelca la tinta, se le infecta la computadora, se corta la mano, se le muere el hámster, pierde el colectivo, lo atropella un camión ganadero… Ignora qué hizo para merecer esto, pero los caminos del Señor son tan misteriosos…
• El Entregador Arrepentido. Le ofrecieron protección y una nueva identidad, pero aún piensa que la entrega es una prueba en su contra. Deja la entrega, la vuelve a agarrar, revisa su contenido escrupulosamente, vuelve a depositarla en la mesa… la entrega definitiva se efectúa tres o cuatro horas más tarde, cuando sus docentes ya se fueron.
• El Terrorista. Tiene alma de Separatista Vasco. Aprovecha una distracción del docente para depositar la entrega y huir, sin constatar daños. El número de víctimas que produce depende de su talento para el mal, y de su falta de talento para el diseño.
• El Artista. Gran autoestima. Orgulloso de su entrega, apenas arriba al taller reparte invitaciones y canapés, y monta una exposición de sus piezas.
• La Diva. Invariablemente mujer. Ingresa al taller saludando como si llegase al estreno de su propia película. Su entrega es el producto de la cooperación de sus numerosos pretendientes. Cualquier semejanza con Madonna en el video de “Chica Material”  es más que una coincidencia.
• La Sirena. Prima poco agraciada de la Diva. Su Verdadero poder reside en su voz de chica de hot line, capaz de hacer que el relato de cómo le limaron los callos del pie derecho con una amoladora suene como una fantasía erótica de primera. Como los personajes de la mitología griega, utiliza su poder para seducir a sus compañeros hombres, logrando entregas con una muy baja inversión de energía. La desaparición del estímulo sonoro suele provocar en sus víctimas la sensación de haber sido estafado por alguno de los personajes de “Nueve Reinas” .
• El Turista Accidental. Maestro del simulacro. Ni siquiera hizo los rótulos, así que opta por el disimulo. Camina entre las mesas con la despreocupación de un paseante en una feria artesanal. Curiosea en las entregas ajenas como buscando un souvenir. Incluso saca fotos… Abandona el taller saludando con la gratitud bovina de los turistas.
• El Supervisor. Versión descarada del Turista Accidental. Tampoco hizo nada, pero opta por simular que está haciendo el control de calidad de las entregas ajenas: mira por encima del hombro de los demás, y reparte interjecciones de aprobación o desaprobación de manera azarosa. Tiene alma de gerente: no cumple con sus compromisos y busca desviar la atención hacia los demás.
• El Contracultural. Alma de Revolucionario, decide cantarle cuatro frescas al Sistema, realizando una entrega en la que ni una sola de sus piezas se ajusta a las consignas. Aunque intente disimularlo, en su accionar suele haber más de torpeza que de subversión.
• El Vehemente. Sujeto al que la expresión “Amores que matan” le cuadra a la perfección. Suele incurrir en algunos excesos de entusiasmo, sobre todo cuando llama a sus amigos del Doque y se agarra a cadenazos para defender el honor de la cátedra. Afecto a las costumbres futboleras, viene acompañado por gente con la que compartió la celda en Devoto; cuando cursa Tipo Uno suele saquear las pertenencias de sus compañeros, y saltar sobre las mesas al grito de “Le afanamol cálamo / que lo vengan a buscar”.
• El Creativo. Nacido en una familia de hippies atemporales, desde chiquito fue estimulado para dar rienda suelta a su creatividad dentro de los cánones del progresismo de los ‘90. Hizo circo, expresión corporal, danza contemporánea, murga, fue estatua viviente, mimo, tragafuego, malabarista, payaso de colectivo, y creativo publicitario. En algún momento, alguien le dijo que el diseño era lo suyo, y él no supo ver que no. Para él, las consignas son de carácter optativo, al igual que los formatos. Sus entregas suelen estar plagadas de manifestaciones de su ingobernable creatividad, y acuña leyendas como “La llama que llama” y “La tipo que Grafía”.

Con estos dieciocho ejemplares, y luego de seis meses de inundación y muchos antidepresivos, Caslon logró hallar el monte donde vivía Ararat, el luchador de Titanes en el Ring, y desembarcó para fundar la cátedra primigenia. Inicialmente, Caslon pudo manejar la psicosis a la que lo estaba llevando lidiar con los dieciocho alumnos arquetípicos, sobre todo con El Creativo que, luego de haber obtenido inexplicablemente un ejemplar de la Biblia católica, había tenido una idea para un comercial de autos con un tal Jesús; pero luego la presión se hizo insoportable, así que decidió negociar con Onanito alguna clase de ayuda. De este modo nacieron los primeros docentes, que llegaron en la forma de alumnos con un cuestionable grado de evolución, dando lugar, así, a la conformación de lo que hoy es la estructura de nuestra cátedra.

Cabe decir que los comportamientos de estos docentes originarios también estaban registrados en el Dixit, por lo cual todo el daño que les hemos hecho durante el año fue simplemente para no salirnos de las tradiciones de la Religión que nos anima. Así es que también puede clasificarse al cuerpo docente según la siguiente nomenclatura:
• El Shakespeariano.
Vio Hamlet demasiadas veces, y ya no distingue las distancias que lo separan de su interlocutor. Su control de volumen se rompió hace rato, y sus correcciones pueden ser escuchadas a varios km de distancia. También conocido como El Rociador, porque habla sin parar y olvida tragar saliva, hecho que queda testimoniado en la ropa y las caras de sus alumnos.
• El Familiero. Demasiadas tardes de cine argentino lo alienaron y cree que está protagonizando una película de Los Campanelli. Cada vez que abandona un alumno llora como si se le hubiera muerto un hijo, y se pone feliz si se forman parejitas en el grupo. Le preocupa más la crianza que el aprendizaje.
• El Marqués de Sade. Estratega del mal, siempre encuentra la forma de corporizar a Satanás en el taller. Sus maneras siempre son sutiles e indirectas, por temor a las represalias con armas de fuego. Disfruta de los éxodos de alumnos, y se siente a sus anchas cuando puede convertir la cursada en una verdadera tortura: sugiere formatos medio centímetro más grandes que los que acepta la fotocopiadora, papeles inhallables, libros de consulta descatalogados, plazos incumplibles, instalaciones costosas e irrealizables. Su acto favorito es el de llevar al alumno en una dirección para decirle exactamente lo contrario en la última clase.
• La Negociadora. Invalorable a la hora de convencer a un alumnado masculino rebelde. Allí donde la intimidación y las golpizas han fracasado, una caída de ojos o un escote pronunciado logran milagros. Generalmente utilizada como último recurso.
• El Stalinista. Comprendió de chico que la intimidación y la violencia física son métodos pedagógicos sumamente efectivos. Toma lista constantemente, y destierra a los que llegan tarde, van al baño, o se desmayan porque tienen peritonitis. Espartano de alma, considera que a los que carecen del temple para afrontar el rigor de la cursada hay hacerlos arrodillar sobre maíz mientras recitan los quinientos veintiséis mandamientos y medio del Libro Sagrado.
• El Terapeuta. Baja autoestima. Resignado al hecho de que tiene poco talento para transmitir conocimientos, se dedica al aspecto humano de la relación con los alumnos. Cuenta chistes para que, por lo menos, lo crean un tipo divertido. Suele complementar sus pasos de comedia con terapia de grupo, para transmitir a sus alumnos sus experiencias como estudiante, en la errada creencia de que los ayuda. Las estadísticas demuestran que logra elevados índices de suicidio entre la gente que estuvo en su grupo, pero los alumnos que le sobreviven suelen ir a saludarlo.

Como surge del Dixit, la cursada es parte del plan del divino Onanito para salvar a esos diseñadores que aún no distinguen entre la Times y la Helvetica, para exorcisar de sus espíritus al demonio del IAC, que sigue tentando almas puras con sus PCs llenas de Corel y fuentes True Type del Windows 98. Y nuestra cátedra es es sólo otra heredera de aquella Cátedra Primigenia del Arca de Caslon, intentando transmitir las enseñanzas de Onanito a las nuevas generaciones, para que el armado de texto del nuevo aviso de gráfica de América no se repita nunca más, para que no todo texto en el mundo tenga que leerse en Times cuerpo 14 con el justificado del Word, y para que Ramiro Agulla no cante más en ningún aviso televisivo. Por eso nosotros, los herederos de los Docentes Arquetípicos, queremos agradecerles a ustedes, herederos de los Alumnos Primigenios, el que hayan elegido navegar con nosotros en este Arca de Caslon, y regalarles un último consejo de Nuestro Dios, que les va a servir durante el resto de la carrera. Dice el Dixit en la Carta a los Deprimidos, Divertículo Séptimo, que cuando hacia el siglo II y medio, frente al avance de los fariseos del IAC, comenzó a flaquear la fe de los discípulos de la Iglesia de las Cuatro Tintas, éstos, desmoralizados, rezaron a Onanito preguntándole cómo hacer para volverse más sabios acerca de la Tipografía y combatir a tan poderoso enemigo; se abrieron entonces los cielos, y se oyó la voz de Onanito fuerte y clara que les dijo: “No sé, cualquier cosa, pregúntenle a Longinotti”.

 

no:id, o la gran estafa del rock n’ roll Mayo 19, 2007

Archivado en: Clásicos — derjungewoerter @ 2:41 pm
Falso texto homenaje para ser leido frente a un auditorio inconsciente.
(Se remarca la importancia de leer fonéticamente las siglas de las organizaciones mencionadas)

Explicar un nuevo mito requiere, de modo ineludible, echar una mirada sobre los pútridos cadáveres de los mitos precedentes. Sobre todo en la música. Y doblemente si se trata de rock (o, para decirlo en Calamaro básico, ro-cqkk, así, enfatizando de manera irritante el sonido de las últimas dos letras). Numerosos han sido los casos en que los nuevos mitos se han alimentado de los muertos (las más de las veces logrando por único premio una severa indigestión pues, se sabe, el jugo de la carne en descomposición no es cien por ciento saludable); es, incluso, sorprendente descubrir que algunos nuevos mitos se han nutrido de cadáveres con los cuales mantenían, aparentemente, diferencias irreconciliables. Algunos casos célebres de esta práctica, entre otros, serían: la adopción, por parte de Marilyn Manson, de las violentas coreografías de Tino de los Parchís (nota: si el promedio de edad del auditorio no alcanza los 25 años, se aconseja reemplazar el segundo término de la ecuación por Elvis 10 minutos antes de morir por sobredosis de sandwiches de cantimpalo y queso); Bob Dylan, quien edificó una carrera tomando prestado el talento de Andrés Calamaro (sin, hasta ahora, haberlo devuelto); y ni hablar de los legendarios Beatles que, como todos sabemos, deben sus éxitos a la infatigable originalidad de los Danger Four.Sin embargo, el caso que nos ocupa esta noche es notoriamente distinto. Es, posiblemente, uno de los pocos casos en la historia del rock de necrofagia reflexiva, porque el principal alimento de no:id es Mutantes Melancólicos, una ya fenecida (e improbable) banda de culto cuya explosiva fama trascendió ampliamente las paredes del piso 5° de San Pedrito 207, para propagarse más allá de la avenida Alberdi yendo para Rivadavia. La estruendosa (aunque poco remarcada) repercusión que alcanzó esta banda, nacida en algún instante glorioso pero no agendado de este siglo, se sustentó principalmente en el desconcertante género que cultivó; al respecto, dijo un notable crítico musical (que, por motivos desconocidos, pero aparentemente relacionados con la Justicia Penal, prefirió no dar su nombre): “Subir a tomar sol a la terraza a mediodía sin ojotas y usando un short viejo dos números más chico; comer pulpo a la gallega en mal estado; alucinar con pitufos sadomasoquistas adictos al pororó; destripar ancianitas mal maquilladas en la cola del banco. Eso es Mutantes Melancólicos. Creo”. Los estudios existentes sobre esta banda mítica afirman que sus presentaciones en vivo fueron siempre objetadas por la Liga de Madres Barbitúricas de Familia (LMBF), sobre todo a partir de sus demoledoras performances en el desaparecido Elefante de Plaza Once, donde los dos shows realizados culminaron (como debe ocurrir con toda leyenda del ro-cqkk) en batallas campales inducidas por el consumo a lo loco de Nesquik, y con el trágico saldo de tres caballos violados y dos mujeres concienzudamente pisoteadas (hecho que inspiró Mataron a las mujeres! Violaron a los caballos! el gran segundo disco de la banda que los catapultó al estrellato dentro del circuito de radios independientes de Plaza Flores). No mucho tiempo antes de tan magnos eventos, la banda había presentado su primer disco Voom Voom Va Hell La en el Centro de Rehabilitación de Jugadores Compulsivos de Ruleta Rusa (CRJCRR), donde fueron largamente aclamados por el único socio sobreviviente.

El tercer disco de la banda ¿La vida no les sonríe?, logró un hit masivo: Rambler, popularizado por el lanzamiento simultáneo de una historieta que deslumbró al sofisticado mundo de la chapa y la pintura, logrando récords históricos de ventas en la zona de Warnes del lado de allá. Las presentaciones en vivo de este disco incluyeron la legendaria (y desafortunadamente nunca registrada en video) presentación en el canal “Utopía”, un evento de corte surrealista emitido para millones de hogares en el mundo entero, pero sólo sintonizado en cinco o seis a dos cuadras a la redonda, en el cual el único miembro estable de la banda (Gustavo Madrid, retenido por Mad Ride Records a partir de un millonario contrato de exclusividad) desgranó algunas melodías con su guitarra, acompañado desde las sombras por un miembro fantasma e improvisado asesor de prensa del grupo, que huyó impunemente con dos porciones de pizza sin aceitunas y la virginidad de una dama sexagenaria en irreversible decadencia.

Mutantes recibió 1994 con una nueva placa: Ojalá pudiera, título que la prensa amarilla atribuyó, arteramente, a un supuesto problema de impotencia de los miembros de la banda, afirmación que fue rotundamente desmentida por las numerosas groupies del Centro de Jóvenes y Carnosas Violadoras en Rehabilitación (CJCVR), que siguieron la gira del grupo por la Plaza Irlanda y el Parque Rivadavia. Nuevamente la controversia golpeó a la banda, cuando las mujeres de LMBF (ustedes ya saben quiénes) acusaron al lídercantanteguitarristatecladistaprogramador Madrid de haberse inspirado en su anterior empleo para el tema Pistolero bajo contrato, a lo cual Mutantes Melancólicos respondió lanzando su segundo simple: Cocido a puñaladas, hecho que fue interpretado por la LMBF como una advertencia más o menos directa, inspirando el retiro del pedido de excomunión que habían realizado ante el Papa.

Hacia 1995, Mutantes Melancólicos edita su quinta placa. La controversia generada por el título de este disco (Mi reloj biológico no necesita cuerda), en el que la LMBF (sí, otra vez ellas) creyó descubrir la oda a una ninfómana madre de doce hijos, repercutió en las ventas, minando la moral del grupo. Ni siquiera el moderado éxito que simples como Huesos de metal y plástico lograron entre los traumatólogos y los especialistas en ortopedia, alcanzó para frenar el inevitable resquebrajamiento cual huevo Kinder del grupo. Poco a poco, los miembros part-time de la banda comenzaron a dedicar su tiempo a diversas actividades que no incluían a Mutantes Melancólicos entre ellas: Martín Pavone (guitarrista) se volcó a la degustación de bebidas (como barman) y de mujeres (como preceptor en un colegio secundario de señoritas); Leo Kaplan (trompetista), luego de una etapa en la que acompañó al maestro Mario Marzán en “La noche del domingo”, se volcó al ramo farmacéutico para, finalmente, convertirse en el dueño de un importante laboratorio que produce barbitúricos para Madres de Familia en Liga; y Jorge Almejún (guitarrista), que se volcó al ramo informático, especializándose en Manejo del Coleco Vision y otras especies en extinción. Gustavo Madrid, finalmente, quedó como único miembro estable de la banda, o, mejor dicho, como único miembro de la banda; a esa altura, y habiendo registrado algunos temas que permanecieron afortunadamente inéditos, Mutantes Melancólicos yacía en medio de estertores en el reseco suelo del país del ro-cqkk. En medio de crecientes rumores acerca de una orden de captura en su contra, el fundador y líder de Mutantes disolvió definitivamente la banda hacia 1998.

A pesar de la verosimilitud de las declaraciones y los documentos, la existencia de esta banda nunca ha sido probada fehacientemente. No se ha hallado material discográfico alguno entre quienes fueran imputados como sus fans; los testimonios verbales existentes resultan poco creíbles, sobre todo desde la referencia a un show conjunto de Mutantes en Woodstock, hecho altamente improbable porque, según se pudo constatar, esa maderera de Bernal Oeste cerró hace más de quince años. La fecha en que se sitúa (según las fuentes) el fin de Mutantes Melancólicos, marca, paradójicamente, el inicio de su mito: miles de personas afirman haber compartido numerosos vasos de Nesquik con su líder; cientos afirman haber estado presentes en sus shows, aunque ninguno conservó el ticket de entrada que, según las fuentes, acreditaba la participación en el sorteo de una codiciada remera con el slogan “YO VOTO A PRATO MURPHY”, el momento más esperado de los shows, según las pocos y falaces documentos a los que se tuvo acceso. Sin embargo, los músicos imputados niegan toda responsabilidad en los hechos anteriormente descriptos.

Es imprescindible, entonces, remarcar que el de no:id es el poco habitual caso de un mito que se empieza a construir sobre las bases de otro mito inexistente (Mutantes Melancólicos), al menos a partir de lo que el riguroso método de investigación utilizado en la Escuelita de Araujo y Niembro permitió verificar. Se cree, entonces, que Mutantes jamás existió. Nadie tiene uno solo de sus discos. Nadie fue, de manera comprobable, a uno de sus shows. Ni siquiera los músicos presuntamente implicados dan un mínimo crédito a las versiones que los ligan a tan rutilante asociación ilícita. De modo que, a todos aquellos que hayan venido esta noche en busca de la reaparición del mito de Mutantes, se les invita a abandonar este recinto, y dedicar sus horas a tareas más elevadas, como la escultura con carne picada, o la ortopedia para peces tropicales.

Y en cuanto a los imprudentes que hayan concurrido desprovistos de todo tipo de prejuicio, se opta por sugerir una posible pista de lo que les espera a través de las palabras de un notable crítico musical que, si bien no escuchó uno solo de los temas de no:id, tiene opiniones pintorescas aplicables a bandas de la más diversa calaña: “Subir a tomar sol a la terraza a mediodía con ojotas y usando un short viejo un número más chico; comer pulpo a la gallega en mal estado acompañado con Hepatalgina; alucinar con pitufos sadomasoquistas rehabilitados; abofetear ancianitas mal vestidas en la cola del banco. Eso es no:id, creo”.

 

Onanito dixit Mayo 18, 2007

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Textos incluidos en las fichas semanales para los alumnos de Tipografía I, cátedra Longinotti, ciclo lectivo 2000

7/4/2000 [Primer día de clases, primer contacto con la tortura caligráfica. Mejor aclararles ciertas cosas de entrada…].
• No utilices papeles con texturas visuales, especialmente los de nubecitas y los marmolados: las alegorías naturalistas nos provocan urticaria.
• Evita los papeles pintados: no nos interesa el bricolage.
• Una condición deseable de las piezas que produzcas es que la densidad molecular del papel elegido no sea inferior a la de la tinta que usas.
• Si el ancho de tu madera balsa es mayor que la superficie en centímetros cuadrados del campo en el que pretendes escribir, chequea tus facultades psicomotrices.
• La languidez de los colores elegidos es inversamente proporcional al entusiasmo que provoca la pieza.
• Procura evitar los colores flúo: cada docente tiene sólo dos retinas, y son bastante sensibles.
Ley Compensatoria del Karma: si un compañero se corta tallando su madera balsa, no te burles. Tú puedes ser el próximo. Y seguramente será más grave.
• Procura ajustar tu trabajo a la consigna, y no al revés. Desafortunadamente, no siempre la montaña puede ir a Mahoma.

14/4/2000 [Frente a los primeros destellos de horror producidos por una intuición mal llevada, se intenta orientarlos acerca de ciertas cuestiones materiales y operativas; la ejercitación intenta que exploren tanto la técnica como ciertas relaciones morfológicas entre los signos escritos].
• Las tecnologías son moralmente neutras: no culpes a la madera balsa por el daño que produce tu mano.
• Caligramas NO. No imites a Apollinaire: ahórranos un exorcismo.
• No malgastes tu creatividad: si te damos dos opciones para elegir, procura no inventar una tercera.
• Si las piezas que produces resultan más útiles para un Test de Rorschach que para la lectura, controla la carga de tinta.
• Si te pedimos “contacto” y nos devuelves un choque frontal sin airbags, te sugerimos que no manejes.
• Recuérdalo: en su composición química, la aguada también contiene tinta.
• Descarta las acciones terroristas: no deposites tu entrega y huyas.
• Ley de la Imprecisión Cromática: toda vez que se especifique clara y taxativamente un color, se verificará que las entregas se efectúan en sobres que recorren toda la gama de los colores adyacentes en el círculo cromático, con la previsible exclusión del especificado.

28/4/2000 [Tratando infructuosamente de obtener buenos resultados en las piezas iniciales de convivencia de palabras, comenzamos a focalizar en aspectos más abstractos].
• Una buena pieza es una conflagración eficaz entre el ingenio y la pericia para embaucar a tu docente.
• Evita la reutilización incesante de un mismo soporte: corregir palimpsestos nos daña el sistema nervioso.
• Ley del Error Primigenio: la cualidad esencial de un error es su autenticidad, así que no intentes corregir ninguno. Toda reparación tiende a incorporar a la pieza otros errores carecientes de la esponteneidad y el heroísmo del original, hundiendo en el desasosiego a tu docente, porque hay pocas cosas más desoladoras para contemplar que un error laboriosamente perfecccionado.
• Axioma del Factor Cuantitativo (Accesorio a la Ley anterior): no repases trazos imprecisos o defectuosos: no hay una relación directamente proporcional entre la nota y la cantidad de tinta empleada.
• La idea de proveerte referentes caligráficos es que los signos que trazas se refieran morfológicamente a ellos, en lugar de ser formas mutantes. Si para determinar qué repertorio utilizaste en tus piezas debemos solicitar los servicios de un genetista o un patólogo, en adelante procura no considerarte un buen fisonomista.
• Tráenos tu foto: sólo así podremos hacerte penalmente responsable por las piezas que produzcas durante el año.

12/5/2000 [Oh Dios. Lanzamos el tema de la textura, y sospechamos que las consecuencias pueden ser en verdad devastadoras; la cuestión ortográfica comienza a ser un verdadero problema; los textos que les damos son pavorosa y espontáneamente reescritos; y el tema de las grillas comienza a inclinar peligrosamente a la gente hacia la ingeniería].
• Ley del Péndulo: todo error suscitado por una mala interpretación de la consigna será inexorablemente compensado por otro error, suscitado a su vez por una mala interpretación de signo contrario a la que motivó el primero. Por supuesto, ambos errores se hallan igualmente alejados del espíritu de la consigna en cuestión.
• Ahórranos los gastos de flete: NO montes tus entregas.
• Si cuando mencionamos la palabra “textura” lo único que te viene a la mente es un plato de sopa con letritas, procura modificar tu dieta o asistir a terapia.
• Las faltas de ortografía no fueron determinantes en la decadencia del Imperio Romano, pero sí pueden serlo en la de la Cátedra. Evítanos una desagradable catástrofe histórica: si tienes dudas, no confíes en tu instinto; recurre a un diccionario.
• Comprendemos tu vocación de literato, pero si sólo pudieras escribir los textos tal cual te los damos…
• Ley de la Arquitectura Infructuosa: la relación entre la complejidad de tus grillas constructivas y la efectividad de las piezas resultantes es inversamente proporcional.
• Todo buen mitómano debe ser creativo: si no vas a cumplir con las entregas, al menos dedícanos excusas ingeniosas.

19/5/2000 [Nuestra desesperación ante la falta de respuesta neuronal nos obliga a evaluar las capacidades sinápticas de nuestros alumnos].
• Un Test antes de la clase 6:
1) Cuando escuchas la expresión “mancha homogénea” piensas en:
a) un texto que produce un gris parejo;
b) la distribución uniforme de tuco sobre una camisa blanca lavada con Ala.
2) Cuando escuchas la expresión “apertura” piensas en:
a) una tipología textual que define una instancia de inicio;
b) el conjunto de jugadas que dan comienzo a una partida de ajedrez en el Centro de Rehabilitación de Adictos a las Pastillas de Freno de Parque Chas.
3) Cuando escuchas la expresión “pre-entrega” piensas en:
a) un conjunto de piezas con la misma calidad que las de la entrega;
b) un conjunto de servilletas grasientas de “Banchero” dibujadas con un lápiz 2b sin punta segundos antes de dormirte en el colectivo.
Mayoría de respuestas a): tendrás un futuro exitoso y una familia extraída de un comercial de dentífrico.
Mayoría de respuestas b): tienes una gran capacidad para el pensamiento lateral, pero un futuro muy negro para la próxima entrega.
• Los docentes son como los padres: todo el sadismo que ejercen contigo siempre persigue fines didácticos.
• Nos encantará contar con tu presencia en la pre-entrega, pero si tienes la amabilidad de traer tus piezas contigo, mejor.

26/5/2000 [Vimos mucho ‘Vulnerables”, y se nos ocurrió que una autoevaluación psicológica del alumnado podía servir de ayuda].
• El ZooTipográfico en la Entrega (Parte 1):
a) El Carismático Infructuoso. Cree que la simpatía hace milagros. Intenta revertir una espantosa entrega mediante un arsenal de chistes olvidables. Pretende embaucar como un Vendedor de Tiempo Compartido, pero le falla.
b) El Temeroso de Dios. Cree que protagoniza el Antiguo Testamento. Entrega su sobre con los brazos extendidos, como quien ofrece un cordero en sacrificio, y luego espera el Castigo de Yahvé, o sea la Nota.
c) El Sindicalista. Extiende a sus compañeros protestas o excusas que son únicamente suyas. Se reconoce su discurso por el abuso de la primera persona del plural y de las generalizaciones taxativas: “todos”, “ninguno” y “nadie” son sus palabras favoritas.
d) El Zurdo. Tiene conciencia de minoría, y la explota. Cuando se siente amenazado esgrime su zurdera como si fuese una discapacidad.
e) El Metafísico. Como Platón, recela de la materia, así que prescinde de la instancia física de la entrega, y sólo trae un montón de descripciones sobre su proyecto tan incomprobables como seductoras.
f) El Timbero Prudente. Juega seguro: pares, nones, columnas, colores, todo. Si la entrega consta de tres piezas, hace doce.
g) El Corredor de Bolsa. Ni siquiera entregó, y ya especula con las notas.
h) El Paria. Se le vuelca la tinta, se corta la mano, fallece su hamster, pierde el colectivo, lo atropella un camión ganadero… Ignora qué hizo para merecer esto, pero los caminos del Señor son misteriosos…

2/6/2000 [Segunda parte del autodiagnóstico; enfatizamos la crítica sobre alguos biotipos, con la esperanza de que la identificación produzca alguna modificación de conducta].
• El ZooTipográfico en la Entrega (Parte 2):
a) El Entregador Arrepentido. Le ofrecieron protección y una nueva identidad, pero aún piensa que la entrega es una prueba en su contra. Deja la entrega, la vuelve a agarrar, revisa su contenido escrupulosamente, vuelve a depositarla en la mesa… la entrega definitiva se efectúa tres o cuatro horas más tarde.
b) El Terrorista. Tiene alma de Separatista Vasco. Aprovecha una distracción del docente para depositar la entrega y huir, sin constatar daños.
c) El Artista. Gran autoestima. Orgulloso de su entrega, apenas arriba al taller reparte invitaciones y canapés, y monta una expo de sus piezas.
d) La Diva. Invariablemente mujer. Ingresa al taller saludando como si llegase al estreno de su propia película. Su entrega es el producto de la cooperación de sus numerosos pretendientes. Cualquier semejanza con Madonna en el video de “Chica Material”, no es apenas una coincidencia.
e) El Turista Accidental. Maestro del simulacro. Ni siquiera hizo los rótulos, así que opta por el disimulo. Se pasea entre las mesas con la despreocupación de un paseante en una feria artesanal. Curiosea en las entregas ajenas como buscando un souvenir. Incluso saca fotos… Abandona el taller saludando con la gratitud bovina de los turistas.
f) El Contracultural. Alma de Revolucionario, decide cantarle cuatro frescas al Sistema realizando una entrega en la que ni una sola de sus piezas se ajusta a las consignas. Aunque intente disimularlo, en su accionar suele haber más de torpeza que de subversión.

16/6/2000 [Se retoma el día a día en los consejos: el lanzamiento el ejercicio de operación caligráfica sobre los textos de arquitectura nos obligó a prever los peores escenarios de conflicto posibles].
• He aquí un listado de operaciones prohibidas, con el inútil afán de describir lo que, inevitablemente (y a pesar nuestro) aparecerá.
a) Agravio. Versión enérgica de la oposición con matices injuriosos. Suele materializarse en expresiones que ameritan acciones legales, como “Palladio vigilante”, y “Vignola se la come, Vitruvio se la da”.
b) Editorial. Versión vocacional del comentario, reconocible en frases como “Lo que dice Vitruvio está re-mal…”, “Yo que Palladio hubiera agarrado y escrito otra cosa…”, y otras numerosas aserciones de alto vuelo intelectual. Generalmente se debe a gente que aún no superó el trauma de escribir para los periódicos escolares.
c) Aforismo. Versión cursi y distorsionada de la cita, perpetrada por individuos que quieren introducir a sus autores favoritos sin importar cuán hostil sea el contexto. Puede derivar en gratuitas y agotadoras irrupciones de Neruda a propósito de un tratado médico sobre las diversas patologías del colon.
d) Desmaterialización. Interpretación física de la fragmentación, en la que la entrega es reducida a papel picado.
e) Excavación. Otra interpretación física, esta vez del énfasis. Se remarcan los signos escritos hasta perforar el soporte; usualmente reporta unos simpáticos bajorrelieves, aunque poco legibles.

23/6/2000 [La respuesta dudosamente entusiasta de los alumnos nos fuerza a ejercer la intimidación, sobre todo previendo la multiplicación de horrores que implicará la variedad de formatos, piezas y funciones de la futura entrega de mitad de año].
Estimado alumno: si frente a esta entrega de mitad de año sufres ahogos, sudoración extrema, convulsiones, taquicardia, y desmayos, y no sabes cómo reunir el dinero para sobornar a tus docentes, Onanito te brinda (absolutamente gratis) unos sabrosos consejos para garantizar tu supervivencia.
• Los docentes viven desarrollando y perfecccionando métodos de control. Evita consecuencias desagradables, y procura que tu entrega contenga todas las piezas que esos desagradables individuos te solicitaron oportunamente. Y si, por azar o milagro, concuerdan con las consignas, tanto mejor para ti.
• Evita la tentación de utilizar una profusión de imágenes figurativas en las piezas: si bien puede ser cierto que “Una imagen vale más que mil palabras”, recuerda que en Tipografía trabajamos con letritas.
• Producir esta entrega de mitad de año se parece a un ejercicio responsable de la paternidad. Recuerda que aquellas piezas que descuides tenderán a experimentar un sentimiento de orfandad, y desconocerán cualquier parentesco con sus hermanas.
• Procura que la instalación que realices en grupo no se convierta en un dispositivo mortal. Evalúa la construcción de los dispositivos textuales y, sobre todo, los materiales a utilizar; en este sentido, desaconsejamos la utilización de: cemento, acero templado, mármol, vidrios blindex, y otros cuyo peso específico pudiera desencadenar desprendimientos y/o derrumbes que culminen con el homicidio culposo de algún docente. Asimismo evita la construcción de todo tipo de dispositivo mecánico (palancas, poleas, engranajes, etc.) inspirado en las trampas vietnamitas.
• Recuerda que, a veces, tus docentes están despiertos y reparan en las cosas. Procura que tus argumentos, a la hora de describir el programa que sustenta tu entrega, sean mínimamente verosímiles, si no por cortesía, cuando menos por prudencia.
• A veces la Cátedra comete la espantosa tropelía de hacer recomendaciones bibliográficas, con el reprochable objeto de aportarte algo de información inútil y copiosa. Sería interesante que, de vez en cuando, tuvieras la gentileza de acceder a esos textos, sólo para hacernos creer que te importa.
• Del mismo modo, la Cátedra tiene por costumbre producir unas simpáticas fichas con información acerca de las entregas y materiales. Sería un bonito gesto de urbanidad que, cada tanto, las leyeras.

30/6/2000 [El panorama de las últimas correcciones y la preentrega nos obligan a salir con los tapones de punta. No estamos seguros de qué tanto puede resultar, de modod que comenzamos a hacer contacto con diferentes armerías con el fin de obtener descuento por cantidad de municiones].
Breves Aclaraciones Tendientes A Reducir El Margen De Infartos Docentes Durante La Corrección De La Entrega De Mitad De Año:
• “Mirada Lejana” no implica la utilización de telescopios.
• “Mirada Cercana” no implica la utilización de microscopios.
• Si al producir el contenedor pones en práctica conocimientos de metalurgia o moldeo de plásticos, lo tuyo es el Diseño Industrial.
• Recuerda los peligros de usar la magia para el mal: las piezas inefectivas y feas pueden causar mucho daño…
• Si la Instalación Textual requiere el desalojo del taller por parte de toda la Cátedra, puede que las dimensiones de tu proyecto sean un tanto excesivas.
• La pieza de los Créditos no incluye agradecimientos personales, saludos a tu familia, ni dedicatorias a los Borrachos del Tablón.
• La diferencia entre el Diccionario Fragmentado y un montón de cartoncitos con letritas, es la misma que existe entre un Diseñador y un troquelador de cartones de bingo.

7/7/2000 [Ya estamos decepcionados, el ejercicio está ahí pero nadie lo resuelve; perdido por perdido, mejor maltratarlos un poquito, a ver si el electroshock los reactiva aunque más no sea para que respondan a nuestras preguntas con palabras de más de dos letras].
Considerando el paupérrimo nivel de producción verificado en la clase 10, la Cátedra decide ofrecer el siguiente Manifiesto:
• Reiteramos que el Diseño no es Metafísica: no intentes embaucarnos con un sistema de ideas que no tiene expresión material, porque estamos firmemente dispuestos a no corregirte. Tampoco nos interesan las artesanías, así que evítanos la desagradable tarea de manipular hojitas de anotador grasientas con garabatos incomprensibles despectivamente perpetrados en ellas.
• Si pretendes planear hasta fin de año con un mínimo gasto de energía, te comunicamos que los vientos no te son favorables; es muy posible que te ayudemos a realizar un muy poco digno aterrizaje forzoso alrededor de agosto, a menos que hagas andar las turbinas.
• Que en esta sección aparezcan comentarios humorísticos no implica que no estemos hablando en serio; procura incorporar a tu léxico la palabra “ironía”, para ahorrarnos el tener que corregir en clase los errores que te describimos para evitar que los cometieras en tu casa.
• Si eres un adolescente tardío con problemas de conducta, procura abandonar la provocación intencional y militante a tus docentes; piensa que no posees ninguna garantía de su estado psicológico, y que, además, hoy se consiguen armas de guerra en cualquier parte…

14/7/2000 [Al diablo con todo. Mejor reírnos un poco].
Ya te hemos dado todos los consejos posibles. Como no nos quedan más por ahora, te regalamos algunos chistes acerca de nada, a cargo del Maestro Seinfeld. Chau y hasta la vuelta.

• Hoy en día hay muchos trabajos diferentes para los policías. A mí me parece que ser el Tipo de la Tiza es uno de los mejores trabajos que podés tener. No es muy peligroso, los criminales se fueron hace rato; parece bueno. No sé qué son esos tipos. Yo pienso que son personas que quisieron ser dibujantes de identi-kits, pero no sabían dibujar muy bien. “Eh, escúchame Johnson, olvidate de los identi-kits, ¿creés que si te dejamos el cadáver ahí en la vereda, podrás arreglártelas para trazarle una línea alrededor? ¿Podrás hacer eso?”
• ¿Cómo se puede no pensar en la cárcel? Todas las noches vemos en la TV gente a la que llevan ahí. Donde estén enjaulando algún terrorista, psicópata, asesino de masas, te das cuenta de que se tapa la cara con un diario, una campera, una gorra. ¿Cuál es la reputación de este hombre, que tiene que preocuparse porque esta clase de exposición dañe su buen nombre? ¿Está esperando un gran ascenso en el trabajo, o algo? Teme que su jefe vea la TV y diga “¿Ese no es Johnson, de Ventas? Estaba en una torre disparándole a la gente. No sé si esa es la clase de gente que queremos en nuestra nueva sucursal. Debería estar en Contaduría.”
• Pensemos en el box, el más simple, estúpido de todos los deportes. Es como si esos dos tipos estaban desesperados por competir entre sí, pero no pudieron pensar en un deporte. Así que dicen “¿Por qué no nos pegamos durante 45 minutos? Tal vez alguien venga a ver eso”. Es raro, dos tipos en shorts, compitiendo por un cinturón. Deberían premiarlos con un pantalón de vestir, o con una camisa. El verdadero problema es que tenés dos tipos peleando que no tuvieron una discusión previa. Deberían poner a los boxeadores en el ring en autitos, que manejen por ahí, eventualmente tendrán un accidente. Salen de los autos… “¿No viste que hice señas?” “¡Mirá mi guardabarros!” Ahí sí verás una gran pelea.
De Seinlanguage – Jerry Seinfeld

18/8/2000 [Sí, llegó la Compu, es decir, la oportunidad de demostrar que se poseía una real falta de talento no atribuible a la madera balsa y la tinta. Empiezan a proliferar los filtros de Corel y Photoshop, cae el Imperio Romano de Occidente…]
Si estás leyendo esto, es porque aún estás con nosotros (aunque sea sólo por hoy)… En cualquier caso, bienvenido a la segunda mitad del Año Tipográfico. A continuación, nuestras primeras reflexiones.
• La llegada de la computadora suele revelar ciertas características del alumno a partir de sus comportamientos. Veamos algunos tipos:
a) El Sobrenaturalista. Frente a la asombrosa distancia que se verifica entre su idea original y los resultados obtenidos, opta por explicar el asunto a partir de una supuesta “vida propia” de la computadora. Se lo identifica porque su línea argumentativa siempre implica una transferencia de responsabilidad hacia objetos naturalmente inanimados. Frase distintiva: “La máquina me hace cualquier cosa”.
b) El Experto por Contigüidad. Asume que la diferencia entre el manejo del FIFA 2000 y el Quark Xpress es inexistente. Suele intentar utilizar las combinaciones de teclado de los juegos para manejar los programas de diseño; ante la frustrante verificación de las incompatibilidades, decide que el diseño no es para él/ella, y se entrega lujuriosamente a algún simulador de vuelo para ahogar las penas.
c) El Luddita. Ante la menor dificultad en el manejo de un programa, concluye que la tecnología es básicamente perniciosa para la humanidad. Afecto a expresar su disconformidad físicamente, suele gastar cuantiosas sumas de dinero en reparaciones.
Otras reflexiones y consejos:
• Procura limitar los efectos nocivos de tu espíritu emprendedor: si ya te dimos las familias con las que puedes trabajar, no pretendas introducir una de esas horribles tipografías decorativas que tanto te gustan.
• Si bien a veces hablamos metafóricamente, en ciertas cosas somos más bien literales: “sans serif” es sans serif, y no lo que tu noble ejercicio de libre asociación te sugiera.
• No te vamos a hacer diseñar tarjetas de boliches, así que procura guardar los efectos 3D y los filtros de los programas para otros espectadores a los que puedas hacer creer que eso es vanguardia.
• Si una Stempel Garamond, cuerpo 12, recontra bold, con un filete de 3 puntos, no resiste el más mínimo análisis, recuerda que el responsable penal eres tú.
• Si imprimes en una chorro de tinta, y lo que en la pantalla era una línea de texto aparece ahora como una línea negra de bordes irregulares, puede que el papel que estás utilizando sea demasiado absorbente. No es nuestra intención desestabilizar tu presupuesto, pero si puedes comprar un papel adecuado para la impresión en esos medios, te lo agradeceremos: nos encantaría leer lo que escribiste.

25/8/2000 [Presentación de las familias; ante ciertas confusiones, decidimos aclarar algunos conceptos. Igual no dan bola].
Consejos, Ruegos y Amenazas:
• Recuerda que el espíritu de este trabajo es editorial, no publicitario. No buscamos enfoques chistosos del tipo “La llama que llama” o “La Tipo que Grafía”.
• Respondemos a las dudas manifestadas por los lectores:
- Franklin Gothic no es una marca de termómetros para fans de The Cure, ni mucho menos de barriletes a prueba de electricidad.
- La Scala Sans no es uno de esos teatros italianos donde hay señoras voluminosas vestidas de walkyrias gritando como si estuviesen siendo víctimas de homicidio.
- Bauer Bodoni no es la fusión de una empresa alemana de motores de avión y una fábrica italiana de quesos.
- El que le diseña la ropa a Madonna es Gaultier, no Garamond.
- Dejen de pedir fotos: Helvetica Neue no es una modelo suiza.
- Trajan no es el título de la secuela de “Gladiador”.
- No te confundas: Bembo no es una marca de pan lactal.
• Oculto en un sector abandonado del entrepiso de la Facultad, y custodiado por el espectro de Cattáneo, se halló hace unos años un texto de incierta procedencia (y más dudosa veracidad), que exhibía el poco auspicioso título de “Diccionario Apócrifo del Alumno de Tipografía”. A continuación, algunas definiciones extraídas de allí.
FORMATO, s. Medida cuyo único fin es el de ser convenientemente ignorada.
PÁGINA, s. Extensión rectangular de papel (usualmente de gramaje indeterminable) sobre la cual se edificó, merced al alfabeto, la ruina del pensamiento occidental. Su vacío suele provocar en el alumno el “Síndrome de la Página en Blanco”, caracterizado por espasmos, náuseas, desorientación y una irrefrenable necesidad de llenarla con cualquier cosa. Su llenado con cualquier cosa suele provocar en el docente un coma 4 irreversible.
SANS SERIF, adj. cualidad que define a esas letras que están hechas de palitos sin patitas.
SECUENCIA, s. Sucesión de objetos o ideas, agrupados en base a un criterio prescindente de una lógica identificable. En el aprendizaje del Diseño, se manifiesta como un Horror Gratuito con cualidades cinéticas; sus cultores son conocidos como Serial Designers.
VARIABLES, s. Todas esas extensiones que se agregan al nombre principal cuando se despliega el menú de fuentes (Bld, Cnd, XBld, etc.). No se les conoce una utilidad probada científicamente, lo cual parece explicar la infernal combinación de cientos de familias diferentes en las entregas.

1/9/2000 [¡Sí, amigos! Llega el recreo del año, aquí está el libro víctima para que expermienten lo que es el vandalismo reglamentado. Se reparten los cuentos que utilizarán para la próxima entrega, y se desatan airadas protestas frente a la inhumana intención de la Cátedra de hacerlos leer. Qué crueles somos].
• Si siempre odiaste al tío que te regaló para tu cumpleaños la edición de lujo de “El Grillo” de Conrado Nalé Roxlo, o algún libro perpetrado por Leo Buscaglia, la semana próxima tienes la oportunidad de producir un sano espacio en tu biblioteca, y de vengar la literatura al mismo tiempo. Prepara tu sierra eléctrica, y ven a clase motivado para el sano trabajo académico.
• Si no te gusta el cuento que te tocó, te pedimos disculpas: de algún modo siempre nos las arreglamos para torturarte.
• Si al terminar de producir tu entrega semanal, no puedes distinguir una presentación de un glosario, te preguntamos algo: ¿nunca se te ocurrió que la jardinería podía ser lo tuyo?
• No te ofendas, pero tus tesis de análisis literario no nos interesan: procura recordar que corregimos piezas de diseño, y no borradores de un artículo para el suplemento cultural del diario de la cornetita.
• Sólo a título de comentario: si te es posible, intenta estar en el taller durante la clase; es interesante para los docentes hablar para un auditorio que está presente.

8/9/2000 [Pedimos una maqueta del libro, y sospechamos qué podía venir].
• Refrena tus instintos: la víctima debe ser el libro, no tu docente.
• Si te pedimos una maqueta, y en lugar de un libro nos traes un Hércules C-130 en escala 1:75, es muy probable que te condenemos a una de las tres siguientes penas:
a) Arrodillarte sobre maíz mientras recitas un Rosario Tipográfico, consistente en: la mención de la totalidad de las variables de la Helvetica Neue; el relato de los milagros de San Giambattista Bodoni, incluyendo la transmutación de las Romanas Transicionales en Modernas, y la del Queso Parmesano en combustible para helicópteros de rescate; y la narración de la creación del Univers en siete días.
b) Atarte a una silla, y obligarte a escuchar durante 72 horas continuas el disco descatalogado de Natalia DeNegri.
c) Pegarte las manos con cemento de contacto a la mesa, abandonarte para que te devoren las ratas, y dejar tu limpia osamenta como ejemplo para los demás alumnos.
• De la Colección Beto Toni. Primer Acto: a Franklin lo peinan como el cantante de The Cure, y no sabe qué look es. Segundo Acto: a Franklin lo maquillan como a El Cuervo, y no sabe qué look es. Tercer Acto: a Franklin lo visten de negro y le cuelgan crucifijos, y no sabe qué look es. ¿Cómo se llama la obra? ¡Franklin… Gothic! ¡¡¡ESTA BIEN!!!

15/9/2000 [Depresión. Onanito se refugia en el prozac].
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22/9/2000 [No quiere volver, pero tiene que seguir inventando excusas].
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29/9/2000 [Se quiere hacer el muerto como Morrison, pero llueven cartas reclamando su reaparición].
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xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxCAÍDO EN CUMPLIMIENTO DEL DEBER.

13/10/2000 [Las amenazas recibidas reactivan la producción. Resignado a que el curso de desarrollo del ejercicio no puede ser alterado ni con ayuda divina, nos resignamos a mascar hongos alucinógenos, y dedicarnos a la ficción con producción de Suar].
• Luego de haber sido capturado por un grupúsculo de norcoreanos desorientados que ignoraban el fin de la guerra con EE.UU., Onanito fue sometido a torturas a fin extraerle los secretos del Uso de la Tipografía en los carteles de precios de los supermercados de los Coreanos del Sur: tras haber sido flagelado durante días con la impiadosa lectura de un Curso de Diseño por Correspondencia de la Escuela del Sol Muriente (¿¿??), nuestro bravo hombre falleció de modo honorable sin haber revelado el secreto. Habiéndose anoticiado del fin de la guerra, los norcoreanos abandonaron su cuartel y se dedicaron al cultivo de cereales con gusto a chocolate para niños capitalistas con hambre, permitiendo el arribo de el Escuadrón de Rescate que, como es lógico, llegó cuando el rehén ya estaba muerto. A pesar de no estar ya entre nosotros, Onanito dejó un testimonio de sus últimos consejos y vivencias, que intentaremos reproducir en las próximas entregas, y a un precio más que módico. A continuación, una muestra.
• “Si un cuerpo 2 1⁄2 , en blanco sobre negro en papel rugoso, con 150 filtros de Photoshop aplicados, no se lee, la culpa no es de Bodoni”.
• “El camino hacia el Infierno Tipográfico está empedrado de buenas intenciones. Mejor intenta asfaltarlo con buenas ideas”.

20/10/2000 [Segunda entrega de la alucinación individual].
• Continuamos ofreciendo fragmentos del diario de cautiverio de Onanito.
• Día 2: tengo sed. Cuando vino el comandante (tiene más tiritas en los hombros que los otros, y es el único con permiso para insultar) le pedí algo de la enorme cantidad de agua que inunda los arrozales de alrededor, pero me contestó que, como todo el mundo sabe, el agua de arroz sólo se toma en casos de diarrea severa, y que una cosa era ser considerado con los prisioneros de guerra, y otra muy distinta avalar la automedicación. Así que lo mandé a freír brotes de soja al muy Hijo de Buda, y decidí saciar mi sed con la tinta Winsor & Newton que llevo encima, lo cual, ahora que lo pienso, posiblemente acorte bastante la vida de este diario.
• Día 3: están recurriendo a los métodos más crueles para arrancarme el secreto de la escritura de precios en los mercados de los Coreanos del Sur; quieren obligarme a diseñar una edición de Shakespeare usando únicamente la Calypso y la Babyteeth. Añoro las espinas de bambú bajo las uñas…
• Día 4: ese sonsonete que cantan me destroza los nervios. ¿Se puede hablar de música cuando se usa una sola nota?
• Día 5: parece que las vanguardias son su punto débil; cada vez que digo “Vanderlans” huyen como si hubiese invocado al diablo…

27/10/2000 [Onanito verdad: en medio de la ficción, la cruda realidad de la marcha del ejercicio en el taller…].
• Continuamos ofreciendo fragmentos del diario de cautiverio de Onanito.
• Día 6: en la mitología cristiana, seis días le llevó a Dios la creación de un mundo lleno de de cosas cuya terminación es, cuando menos, objetable. Del mismo modo, el comandante se tomó seis arduos días de trabajo para completar una simpática grulla en origami, aunque levemente defectuosa, a juzgar por la ausencia de las dos alas y la cabeza. Considerando que los dos subalternos que habían hecho alguna observación dudosamente humorística acerca del sufrido bollito de papel fueron oportunamente convertidos en ingrediente del guiso que comimos durante los últimos dos días, preferí cerrar la boca.
• Día 7: tuve una visión del Apocalipsis. Había familias alteradas, fotocopias, ploteos, recortes, scanneos, texturas, todo en una sucesión veloz, y detrás, montando caballos blancos, todos los docentes de Tipografía I, blandiendo maderas balsas afiladas y amenazando con un evento infernal: la entrega-instalación de fin de año. Desperté sobresaltado, con la certeza de que cumplirían con su amenaza…
• Día 8: están dispuestos a todo. Han probado con las espinas de bambú bajo las uñas, el jenga, el tiki-taka, los programas de Mariano Grondona. Ahora amenazan con obligarme a ver “Papá es un ídolo”. No sé cuánto más pueda aguantar…

3/11/2000 [Pereza intelectual. Ya casi termina el año, ¡no sigan demandando cosas, por Dios!]
• Continuamos ofreciendo fragmentos del diario de cautiverio de Onanito.
• Día 9: zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz
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• Día 10: Ayer dormí todo el día. Hoy me toca rascarme la oreja con el dedo meñique. El comandante volvió a insistir con la grulla mutilada; cada vez se parece más a una ameba, pero mejor no se lo digo.

10/11/2000 [Sentidas palabras de despedida, sentidas como un gran alivio. ¡Ya váyanse!]
• ¡FELICITACIONES! si estás leyendo esto, es porque has sobrevivido… hasta ahora. Porque (tenlo en cuenta) la última entrega SÍ PUEDE SER REPROBADA. De modo que te queda el último esfuerzo del próximo viernes (si es que a Moyano no le pica un testículo y decide hacer un paro) para ser libre, al menos hasta que cometas el terrible error de inscribirte para Tipo II en esta misma Cátedra. Suponemos que no serás tan tonto como para no realizar una buena entrega habiendo llegado hasta aquí, pero sabemos que el talento de los alumnos para decepcionarnos es inacabable. En cualquier caso, nos estaremos viendo las caras por penúltima vez el 1º de diciembre (si es que estamos todos) , para ver si nuestros esfuerzos para inculcar alguna clase de conocimiento (aunque más no sea una decorosa lectoescritura) han naufragado en el mar de la confusión de la FADU, o si hemos abierto alguna cabeza lo suficiente como para que la curiosidad los lleve a hacer cosas mejores que lo que han hecho hasta ahora (es decir, empleen todo su talento con otros docentes, y déjennos con el agotamiento de haber visto tanto horror triple equis durante el año). En cualquier caso, recuerden que Onanito estará siempre con Uds., porque acostumbra estar en todas partes a la vez. Como Dios. Y como Longinotti.