En esta útil sección, de aparición tan irregular como su calidad, intentaremos brindar una serie de consejos (perdón, de tips) destinados a posibilitar que cualquier sujeto morigere lo incómodo de tener una personalidad que desorienta taxonomías, y que se asimile sin problemas a cualquier grupo humano de características definidas. Comencemos, pues, con este invalorable servicio a la comunidad.
CLICHÉ 1: EL CULTO
Una necesidad frecuente en nuestros desesperados y miserables lectores es la de no desentonar en eventos culturales (vernissages, cafés literarios, mesas redondas, reuniones académicas o invitaciones a El refugio de la cultura). Los testimonios acerca de la sensación de orfandad que padece el forastero en tales eventos son, invariablemente, conmovedores. A fin de atenuar el padecimiento y lograr la feliz adaptación del sujeto al entorno, brindamos a continuación algunas prácticas sugerencias.
• Escuche música clásica. ¿Dónde se ha visto que una persona culta escuche metal? Haga Ud. la prueba, querido lector, de entrar en alguna reputada librería de su ciudad: ¿cuál es, invariablemente, la música ambiental de ese sagrado depósito de mercancías culturales? Mínimo, un Mozart. Es sabido que los intelectos exigentes buscan placer en lo complejo, de modo que si Ud. acostumbra escuchar, por ejemplo, a Megadeth, lo máximo que se esperará de Ud. en términos intelectuales es que califique como analfabeto funcional.
• Hable difícil. ¡Ah, qué felicidad siente el culto en sustraerse de la basta realidad para hablar de cosas importantes! Una de las claves para estar a tono en contextos eruditos es tener en claro que lo que distingue al individuo cultivado del vulgo es el registro del habla. Para sustentar esa diferencia, es menester la posesión de una jerga; si carece Ud. de una, procúrese una profesión que la provea o, cuando menos, consígase un glosario. Secreto para el débutant: construya ristras de vocablos arcaicos, improcedentes y de pronunciación trabajosa, y profiéralas en cualquier ocasión que le proporcione el suficiente grado de visibilidad.
• Carraspee. En sus parlamentos, el aprendiz de culto debe, con cierta frecuencia, intercalar lo que se denomina carraspeo culto, una tosecilla dosificable que en lenguaje historietístico suele traducirse como ejem. Una de las funciones (acaso la más importante) de este dispositivo consiste en aportar la necesaria pausa dramática al discurso del sujeto refinado e instruido, además de brindar unos valiosísimos segundos para la selección y alineación de los siguientes vocablos arcaicos, improcedentes y de pronunciación trabajosa que formarán parte de un buen discurso culto. Si Ud. posee una garganta delicada, que pudiera dañarse por impostar permanentemente la adhesión de mucosidad a la glotis, puede reemplazar el carraspeo por la dubitación culta, que consiste en la estratégica inserción de las partículas eeeh o esteee a lo largo de sus intervenciones.
• Consuma cine exótico. ¡Ah, qué gran aporte ha hecho la crítica especializada a la cultura occidental! Si no fuese por tantos programas, sitios y publicaciones, jamás habríamos podido disfrutar de la imposibilidad narrativa de La manzana y tantas otras joyas cinematográficas de allende el Éufrates. El aspirante a culto deberá tener en cuenta que existe una relación directamente proporcional entre la distancia geográfica del país de procedencia de un filme y la valoración crítica que de él se hace; a mayor millaje, mejor es la película, de modo que, ateniéndose a esta regla, el lector podrá inferir sin dificultades el valor de un largometraje argentino filmado en Barracas.
•Elija minorías. El individuo cultivado tiene en claro que el número contamina, de modo que siempre preferirá, siguiendo el consejo de Robert Frost, los senderos menos transitados: la música menos escuchada, los escritores menos leídos, los eventos menos concurridos. Lo esencial en este caso es la dificultad que entraña el acceso a tales mercancías y convites: lo inhallable, lo inaccesible o (sobre todo) lo escaso es, por fuerza, lo más exquisito. El sujeto culto debe gambetear a la masa en toda ocasión porque, se sabe, la Verdad y la Belleza están allí donde hay menos gente por metro cuadrado y se puede respirar mejor.
• Fume en pipa. No se trata de un ítem esencial, pero suma. Si Ud. es asmático, puede saltearse este apartado, o bien circular con la pipa en la boca, pero sin ponerle tabaco. Si es ya Ud. un fumador, sabrá apreciar el favorable cambio estético que implica pasar de parecerse a Pucho, el ayudante de Neurus, a verse como un familiar de Freud. Pocas imágenes dan culto tanto como un individuo con la pipa en la mano mientras enuncia una serie de de vocablos arcaicos, improcedentes y de pronunciación trabajosa. Cabe hacer una advertencia para el novel: procure fumar en pipa en contextos cultos. El lego puede confundir el dulce perfume del tabaco de pipa con el vulgar olor de la chala, y sería muy penoso que una muestra de cultura tan evidente se viese mancillada por una inadecuación de individuo y entorno. No tire margaritas a los chanchos.
Esperamos que estos humildes consejos le permitan integrarse felizmente en contextos de gente de intelectos refinados y exigentes. Nos vemos en la próxima entrega, cuando ayudaremos a otra serie de parias a confundirse con el grupo humano de su preferencia.
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