Bienvenido nuevamente, querido lector. Si aún no has logrado una adaptación exitosa al medio de tu preferencia, henos aquí otra vez para facilitar tu ingreso indoloro al estereotipo deseado.
CLICHÉ 2: EL EMPLEADO DEL MES
Acaso el lector desvalido alguna vez haya deseado pertenecer a la casta de asalariados notables cuya efigie proyecta éxito desde las paredes del baño de la empresa en la que resigna los más productivos años de su vida. Pocas cosas deben ser más reconfortantes que saborear diariamente el esquivo favor de los jefes, esos padres exigentes que nunca tienen suficiente amor para todos sus vástagos; muy probablemente el lector haya celado a su odioso colega como un hermano resentido lo hace con el preferido de sus progenitores. Ya es tiempo de abandonar esas actitudes negativas que a nada bueno conducen y de tomar el toro por las astas. Siga estos consejos.
• Ofrezca soluciones. Pocas cosas son más apreciadas por un jefe hecho y derecho que la existencia de alguien que le permita gozar de las mieles del cargo sin padecer la persistente molestia del trabajo que suele implicar. Es entonces cuando Ud. debe resultar imprescindible, resolviendo problemas allí donde parezca haberlos, o creándolos a medida de las soluciones que oportunamente fraguará. Es menester magnificar toda situación problemática, a fin de poder resaltar luego la trascendencia del aporte realizado: un verdadero Empleado del Mes debe lograr que sus jefes posen su mirada sobre él toda vez que le sea posible fabricarse algún mérito. La clave para producir ese efecto radica en la mise en scène, que apunta a resaltar el generoso esfuerzo que Ud. realiza en beneficio de esta segunda familia que es La Empresa. De ahí que la relación entre la importancia de la tarea y la cantidad de energía invertida en ella deba ser obscenamente desproporcionada: perpetre la clasificación manual de la correspondencia en función del color predominante en las estampillas, redacte instructivos ultrajantes para estandarizar la apertura de las canillas de agua caliente de los baños, diagrame recorridos de colectivos para evitar las llegadas tarde de sus compañeros que tanto perjudican a La Empresa…
• Póngase la camiseta. Sí, querido lector, es posible que esto le granjee apelativos como buchonazo o alcahuete (claramente motivados por la envidia), pero no debe perder de vista que los resultados a futuro bien lo valen. Lo primero que debe recordar es que, sea cual fuere el conflicto, el lado correcto siempre es el de La Empresa: si los baños fueran inviables, usted demostrará que la retención de desechos corporales resulta beneficiosa para el rendimiento laboral.
• Destaque la falta ajena. Resulta infalible para ganar puntos con sus superiores. Cualquier jefe que se precie de serlo requiere un sniper (un francotirador, bah), alguien con vista de lince que marque las conductas erradas, que hiera de muerte a los infractores que tanto dañan a La Empresa y complican la ardua faena diaria de las esforzadas castas directivas. Horarios de almuerzo injustificadamente extendidos, hurto de banditas elásticas, charlas prolongadas en los pasillos, todas esas agresiones al equilibrio del ecosistema laboral y la productividad de La Empresa deben ser castigadas y, si bien no está Ud. en posición de hacerlo, al menos puede proveer a su jefe la evidencia necesaria para lograr la condena. Por supuesto, la marcación de la presa debe comportar un cierto grado de obscenidad, pero con clase: “Me habría encantado tenerle preparado el informe, pero necesitaba unos datos de Fernández, y como él suele llegar algo tarde y retirarse un poco más temprano no hice a tiempo de pedírselos…”.
• Demuestre sumisión. ¡Ah, qué delicia que es la dominancia para el negro paladar de un jefe! Como se puede apreciar en los didácticos documentales de National Geographic, la sumisión hacia el más fuerte se presenta como un recurso que garantiza la supervivencia. El principio es que la autoridad (sin importar cuán infundada, arbitraria y banal pueda parecer) no debe ser desafiada ni en las más inocuas formas. No pretendemos que Ud. (como si se hallara frente al macho dominante de una jauría) camine agachado, con la cola baja y las orejas orientadas hacia atrás cada vez que se encuentra frente a su jefe, pero…
• Acote su universo. Complementario de la camiseteada, consiste en explicitar su entrega incondicional a la empresa por vía indirecta. Su discurso debe siempre ceñirse al diminuto aunque intenso mundo de la oficina, como si no tuviera otra cosa en la vida (si no la tiene, mejor: un actor del método resultará más convincente). Hablará de sus compañeros de trabajo como Luis Sandrini hablaría de unos hijos revoltosos pero queribles; reivindicará la calidez de su cubículo frente a la frialdad de su domicilio legal; postulará al subgerente de compras como el padre que le habría gustado tener…
¿Y bien? ¿Ya se halla adherido a alguna pared de la egregia oficina en la que fatiga sus días sin noches? Si aún no lo ha logrado, sepa que, apegándose a estos lineamientos, sólo es cuestión de tiempo…
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