Der junge Wörter

Escritos de toda laya

Manual de clichés (4) Marzo 10, 2008

Archivado en: Patafísica — derjungewoerter @ 4:44 pm

Sí, querido lector. Aquí estamos nuevamente, apuntando a mejorar su calidad de vida. Hoy, más tips útiles para integrarse plenamente a algo.

CLICHÉ 4: EL INTELECTUAL CRÍTICO
El mundo del pensamiento ofrece innumerables beneficios: homenajes legislativos, mesas redondas, columnas en suplementos culturales, empleos en el mundo editorial, cargos en la estructura del Estado… ¿Quién, en su sano juicio, querría dejar pasar semejantes delicias? Nosotros no y, seguramente, Ud. tampoco. Veamos cómo podemos ayudarlo.
• Procúrese una cara estatuaria. Un intelectual de fuste debe ser, ante todo, visualmente pregnante o, de otro modo, se confundiría sin más con la masa de raciocinio acotado. Barbas dervichescas, bigotazos inverosímiles y ceños marmóreos son algunos de los atributos deseables para acceder al Olimpo de la intelectualidad crítica. Por supuesto, Ud. no desea lucir como un intelectual orgánico, así que será menester sazonar la solemnidad de su cara con algún toque de desidia en la vestimenta (elecciones cromáticas cegadoras, ropas que rechazan el planchado), a fin de evitar que los mediocres descomprometidos lo supongan un frívolo preocupado por su apariencia.
• Exija respeto. La domesticación de otras subjetividades resulta esencial para cualquier postulante al podio de la intelectualidad polémica. En todo momento debe Ud., querido lector, cultivar una relación asimétrica con el resto de los mortales: desde el tuteo hasta la crítica (la más intolerable de las barbaries que se puedan cometer en su contra), todo trato hacia Ud. que aliente la falsa idea de una igualdad de estatus entre Su Persona y el resto del mundo deberá ser ejemplificadoramente penado. Los otros tendrán que dirigirse a Ud. con el debido Temor Reverencial, y Ud. les retribuirá con la necesaria mixtura de desprecio y paternalismo que se destina a quienes (parafraseando al pensador contemporáneo José Luis Chilavert) no han ganado nada.
• Ponga huevos en todas las canastas. Todo intelectual que aspire a que una plazoleta de Palermo o un aula magna lleven su nombre, no debe recluirse en la Torre de Marfil de la Academia pero tampoco zambullirse sin más en el mundo exterior, a fin de ahorrarse los epítetos que podrían caberle por su entrega total a la una (arielista del orto) o al otro (pelotudo exento de rigor). Apostar a ambos mundos le permitirá gambetear tales acusaciones y legitimarse moral e intelectualmente en una esfera sin perder puntos en la otra, asegurándole, además, unas cuantas changas porque, al fin y al cabo, el costo de vida aumenta todo el tiempo. De este modo, un empleo lucrativo como comentarista deportivo puede verse dignificado por su estatura intelectual y su sentido crítico (“Mediante un gesto enérgico, Peretti nuevamente ha sancionado off-side, con esa violencia oligárquica que exhiben los dueños de la tierra para desalojar de las áreas a los jugadores de los clubes chicos”) mientras que una clase teórica podrá ser utilizada para interpelar desde el lenguaje popular el irritante conservadurismo del mundo académico (“Ocurre que los viejos maracas de la cúpula eclesiástica invitaron a Abelardo al Concilio de Soissons con la excusa de que defendiera su obra de las acusaciones de herejía, pero los mascapitos ya lo habían condenado por adelantado y lo forzaron a quemar su obra, que es lo que las garcas que dirigen esta Casa de Estudios querrían hacer conmigo, si pudieran”).
• Tenga un millón de amigos. Sí, claro que Ud. desea ser un pensador incisivo, pero eso no implica arreglárselas solo, estimado lector. Un incansable cuestionador del poder establecido debe incansablemente establecer un poder que lo respalde en caso ser cuestionado: denuncias de plagio, de opacidad en el manejo de fondos, de acoso sexual, de ataque con arma blanca… nunca se sabe qué recursos pueden emplear los enemigos del pensamiento revolucionario para desacreditarlo. De ahí la importancia de tejer pacientemente una red de amistades bien posicionadas: decanos, editores de suplementos culturales, directores de organismos públicos, gremialistas de más de cien kilos, ministros, animadores televisivos… Allí donde algún ingenuo suponga una oportunidad para hacer mella en el sólido bronce de su reputación, sus defensores, querido lector, saldrán de a cientos, las fauces babeantes, a dar su merecido a quienes no saben guardar su lugar. Recuerde que la diferencia entre un don nadie y una Vaca Sagrada de la intelectualidad está dada por el peso de las firmas al final de las solicitadas.
• Gesticule visiblemente. Para un candidato a paladín de la controversia, el ademán es un ítem esencial. La provocación en público debe ser su norte, y los gestos bruscos su método; la corrección debe dejarse para los intelectuales televisivos, esos timoratos domesticados que nunca le llegarán a los talones: gritos, golpes en la mesa, amenazas de muerte, son algunas de las formas que deberá emplear constantemente tanto con sus detractores como con sus adeptos, para que a todos les quede bien claro que Ud. no baja la guardia ni ante los amigos.

Ahí tiene, querido lector. Otra vez le hemos brindado una serie de tips, en este caso para gozar de las mieles que trae aparejadas la condición de intelectual crítico. No se olvide de agradecernos cuando lo inviten al descubrimiento de su propia estatua ecuestre. Y si no era éste su anhelo, aguarde hasta la proxima entrega: acaso ése sea un cliché más de su agrado.