Der junge Wörter

Escritos de toda laya

Houdinis Mayo 17, 2009

Archivado en: Ideas — derjungewoerter @ 12:41 pm

Hubo Cassandras, pero nadie les creyó. Y entonces, en algún momento, ellos desaparecen.

Los pasillos se vacían. Las caras son cada vez más breves, la pregnancia facial se diluye, todos se vuelven intercambiables. Acaso sea eso lo deseable. Se apuesta a las largas filas de desesperados, la carne de ordalía. Ésos soportarían cualquier trato a cambio del privilegio de formar parte de la prestigiosa Organización.

Es una cuestión de gratitud. Los otros, los malagradecidos, los soberbios que creen que son algo per se, los que no entienden cuánto le deben a la Organización, más tarde o más temprano tendrán la opción de hierro. La conversión o el ostracismo. O quizás ya carecen de opción, acaso su destino ya esté sellado. La ingratitud se huele desde ciertos despachos.

Es una cuestión de lealtad. Los que creen que tienen derecho a debilitar la Organización con sus críticas, con sus quejas, no saben lo que es ser leal. Sí lo saben los que fueron bendecidos por la movilidad social sin la intervención de Marx. Lo saben los que pasaron de la cadetería a la gerencia, de la limpieza a la dirección. Lo saben quienes ocultan la certeza personal de que, sin el Deus ex machina de las altas esferas, en condiciones de laboratorio, jamás habrían escalado las colinas que ahora dominan. Y ésos son los legionarios más fieles, los más temibles, los más sanguinarios.

Y ahí van las huestes derrotadas, esfumándose en un parpadeo. Los escritorios vacíos se reproducen. ¿Será un privilegio ocupar uno aún? Quizás desorienta la gratuidad del asesino serial. No saber qué hay que hacer, qué hay que impostar para sobrevivir, si es que acaso eso es lo que se desea. En las prisiones se trata de no enfurecer a nadie, de pasar desapercibido. Que no te rompan el culo en las duchas, o que la raza de llaveros no te apalee. Pero la inquietud permanente de no saber de dónde puede venir el puntazo te mantiene en guardia. Trabajar, no se puede. La supervivencia te come mucha energía.

Acaso por rencor, uno quiere que los Houdinis hayan hecho su gran escape. Que no hayan muerto ahogados en el tanque de agua, con las cadenas aprisionando sus cuerpos.

Si eso fuera así, a nosotros nos quedaría alguna esperanza.