Manual de clichés (6)
Sí, aquí estamos nuevamente, caro leedor, con los puños llenos de consejos para ayudarlo a constituir una subjetividad más apetecible que la que padece por obra del Destino.
CLICHÉ 6: EL TRAIDOR
La conspicua moral judeocristiana suele atentar contra los sueños de todo humano: fama, prosperidad, el trabajo del otro, la mujer ajena… Ya es hora de sumarse al reino de los Iscariotes y darse todos los gustos sin tropezar con inoportunos escrúpulos. Ahí vamos.
• Silbe bajito. La primera lección para un aspirante a desleal consiste en asfixiar laboriosamente todo indicio de doblez en el pensamiento, el discurso y la acción. Nadie (de ser posible, ni siquiera su propia conciencia) debe tener la más mínima sospecha de los fines que persigue, y mucho menos de los medios que está dispuesto a utilizar para justificarlos. Para ello, es menester ahuyentar de la superficie aquellos signos que, inocentemente, pudieran dar motivos a los Custodios de la Ética para sospecharlo adherente al linaje de los clavapuñales: aplicar a sus vástagos nombres como Bruto, Yago o Kilpatrick; llorar a moco tendido por la carencia ecuestre de Ricardo III en Bosworth Fields; o defender con sentidos argumentos la entrega de Lando Calrissian en El regreso del Jedi, por ejemplo, podrían ser leídos por los Centinelas de la Rectitud como una prospectiva de falsía.
• Telecomande. Ningún Apóstol del Complot en su sano juicio permanece a una distancia en la que la sangre pueda salpicarlo. Para evitar tales molestias, es imprescindible abocarse de lleno a la manipulación de psiquis ajenas,con el objeto de instalar en otros la bullente necesidad de traición que en verdad es sólo suya. A tales efectos, herramientas como la Injuria y la Calumnia se revelan de gran utilidad para alentar en sus influidos la fragua de un animus destituientis que derrocará a su víctima sin importar cuán querida, legítima, honesta o talentosa sea. “Yo esto te lo digo por tu bien, no tiene nada que ver que a Fernández le hayan dado la Gerencia de Finanzas que me merecía yo. Pasa que me había llegado el rumor de que te iba a hacer echar, porque viste que él es bastante mediocre y no quiere a nadie que le haga sombra, por eso te cajoneó el aumento que te correspondía por tus tres días de antigüedad en la cadetería… me quiso hacer quedar mal a mí porque soy tu jefe, pero todos saben acá que a Fernández los de abajo no le gustan nada porque le ven los hilos, sobre todo ahora que está haciendo negociados con los proveedores… encima parece que le gustan las menores, principalmente cuando está tomado… ¿Sabés lo que hay que hacer? Patearle la puerta al Director y decirle que Fernández es insostenible, corrupto y que maltrata a la gente… ¿Ah, van ahora? Justo tengo que ir a buscar al nene al jardín, si no te juro que los acompañaba… pero estoy cien por ciento con ustedes.”.
• Catequice en espejo. El ejercicio militante de la Conjura debe ir acompañado por una prédica proporcionalmente fanática de la cualidad opuesta. La lealtad debe ser virtud cardinal en su discurso, de modo que sus más aberrantes vilezas queden aplastadas bajo una avalancha de vocablos de raigambre justicialista. Condene airadamente a los hinchas que critican al Cinco que no pone huevos, porque de los rivales será el triunfo si toda la hinchada no se encolumna detrás del Caruso Lombardi de turno; a los empleados que despellejan a su jefe, porque de la competencia serán los mercados si la planta no se alinea con el Gerente que comanda la Gesta Empresarial; a los ciudadanos que cuestionan a sus dirigentes, porque de los imperios cipayos será la Patria si no se amucha el Pueblo sin objeciones detrás del Gran Caudillo Protector. Ya verá cómo todos a su alrededor quedarán hechizados por su profundo sentido de la fidelidad, y perderán de vista los cadáveres que deja a su paso.
• Acopie evidencias. El que guarda siempre tiene; por eso, si aspira Ud., querido lector, a alcanzar sus objetivos en base a felonías, deberá munirse de todos aquellos documentos que puedan serle de utilidad a la hora de liquidar rivales. Mails, cartas, conversaciones de chat, mensajes en el contestador, filmaciones de cámaras ocultas, grabaciones, mensajes de texto, listas de compras, tarjetas de cumpleaños, todo puede servir cuando de maquinar infidelidades se trata. Rastree exabruptos, detecte contradicciones, infiera errores. En caso de no hallar nada útil, puede usted fabricarlo apelando a sus habilidades literarias: corte, pegue, edite, distorsione, exagere, reduzca u oculte lo que sea necesario para convertir a su objetivo en una marioneta con los hilos cortados y en caída libre.
Podríamos sugerirle algunos tips más, estimado lector, pero inferimos que un verdadero aspirante a Judas tiene creatividad suficiente como para fraguar deslumbrantes y efectivas intrigas. Además, si le diésemos todas nuestras recetas, nos resultaría mucho más difícil traicionarlo, si fuese esto necesario. Hasta la próxima.
Duro, Frontera. Bueno y duro. Un alegato “no positivo” sobre el fenómeno de la traición.
excelente. me dan ganas de ponerlo en practica estos tips lo mas pronto posible con personas a las que tanto “estimo”. un abrazo.