Hace mucho que no escribo. Me digo, mientras miro por milésima vez la pantalla de WordPress. Nuevo post. El nuevo síndrome que ataca a un escritor, el post en blanco. Uno se empieza a preguntar por el ¿público? Hay una deuda más o menos silenciosa con algunos lectores, amigos o desprevenidos viandantes de internet que pisaron mi blog alguna vez. La presión que mete la expectativa que uno (neurótico insalvable) construyó trabajosamente para luego rehuirle resulta algo agobiante, aun cuando sólo sea yo quien manifiesta algún interés en continuar con este ritual ególatra.
Una vez tuve un sitio. De poemas. Se llamaba Lückenhaft, cuya traducción del alemán es, más o menos, incompleto. Cuando inicié Der junge Wörter rescaté esos poemas perdidos, creyéndolos de algún valor. Quizás lo tengan. Pero el punto es que, entonces, mi percepción de la escritura era fatalmente catártica. Era desahogo. No podía pensar en la escritura como un ejercicio, como las sesiones semanales en el gimnasio. Aquello tenía sus pro y sus contra. Por una parte, la inconstancia en la producción estaba románticamente fundada: uno no regula sus pasiones, simplemente las deja fluir. La contra, justamente, era depender de esas pasiones —profundas, intensas, serias— y de su imprevisible, caprichosa visita para poder escribir.
Der junge Wörter es un intento por sistematizar la escritura. Como todas las sistematizaciones que puedo proponer, había cierto prusianismo en la determinación de las categorías y del tipo de texto que pretendía producir. Así, cuando uno no tiene una idea que encaje en una categoría, o no inventa alguna nueva, no hay escritura.
Hace meses que no me siento frente a la máquina para decir algunas palabras. Batallo hace bastantes semanas con un par de textos, algún cuento y otro Biotipos, ambos aún en lento proceso de producción. No sé cuando los termine, o si valdrá la pena que lo haga. Hace mucho tiempo que no puedo conectarme con las palabras, lidiar con ellas con la mixtura de desesperación, rabia y placer que suele producir la escritura.
Entonces pienso. Acaso pueda traducir a la escritura la disciplina del ejercicio físico, la constancia, la costumbre.
Será cuestión de probar.